El pasado 27 de mayo tuvo lugar la mesa informativa y de debate sobre 'Los nuevos mecanismos de control social' en el marco de la XII Mostra del Llibre Anarquista de Barcelona.
Se informó y se debatió acerca de los medios tecnológicos existentes a día de hoy para burlar, siquiera sea de forma parcial (es imposible asegurarse completamente del anonimato), los mecanismos de seguridad de agencias y Estados. Por otro lado, se conversó sobre el valor de los datos en la sociedad que vivimos (Big Data) y sobre su procedencia y formas de adquisición y almacenamiento, así como rendimientos económicos y políticos posibles. Finalmente, a propósito de la intervención de lxs compañerxs del Coléctivo Etcétera, se debatió sobre la cuestión de la supuesta neutralidad de la técnica, sobre el carácter ambivalente de ésta (en relación al entrelazamiento entre aspectos positivos y negativos, imposibles de disociar, y que origina posiciones polarizadas entre tecnófilos y tecnófobos, y que pueden acabar en posiciones moralizantes poco prácticas a nivel político), sobre su papel en un nuevo tipo de exclusión social (la tecnológica, que comporta un nuevo tipo de inadaptado) y sobre su relación con el desarrollo del capitalismo y su esencial papel en la transformación del mundo en mundo-fábrica completamente (auto)regulado y lucrativo para unos cuantos.
Dejo un par de textos editados por lxs compañerxs del Colectivo Etcétera sobre lo allí debatido.
Pincha la imagen para ver el número 55 de Etcetera.
Pincha la imagen para ver 'Reflexiones sobre el progreso técnico' de Jaques Ellul.
"El brazo armado del poder que viene es la medicina. Es esta, a partir de ahora, la que decide sobre la muerte y la vida, último vestigio de una soberanía que ya no encontramos por ningún lado en la política clásica. Se prepara una revolución que trata de impedir toda revolución futura. Trata de hacer de nuestro cuerpo un agente exclusivo de separación; quiere que cada uno se convierta en la excepción a una regla médicamente definida. Nosotros seremos entonces los pacientes, los anormales.".
Cuando el mundo de la técnica sustrae nuestra esencia humana, cuando nuestros cuerpos se convierten en meras mercancías con las que trabajar, cuando la medicina se convierte en forma de gobierno y la tecnología en su instrumento principal, es hora de escupir unas cuantas verdades.
jueves, 2 de junio de 2016
miércoles, 25 de mayo de 2016
Mesa informativa y debate: 'Los nuevos mecanismos tecnológicos del control social''
El próximo viernes 27 de mayo, en el marco de la XII Mostra del Llibre Anarquista de Barcelona, tendrá lugar una mesa informativa y de debate con intervención de miembros de Oca Negra, el colectivo Negre i Verd y el colectivo Etcétera.
El evento se realizará en ELI La Clandestina, a las 18:30 h.
'Las nuevas tecnologías están omnpresentes en la vida cotidiana de las sociedades occidentales. Su uso se extiende exponencialmente y en paises como el nuestro, por ejemplo, el número de smartphones supera con creces el de habitantes. Las compañías de servicios de comunicación recopilan información detallada de nuestra actividad que, aislada y fragmentada, es aparentemente inocua pero en conjunto dibuja un perfil muy detallado de nuestra persona. Esto es lo que conocemos con el concepto de Big Data. Las compañías tratan la información que entregamos inconscientemente para su uso comercial pero ésta se encuentra también a disposición de los gobiernos que así perfeccionan los mecanismos de control social.'
El evento se realizará en ELI La Clandestina, a las 18:30 h.
'Las nuevas tecnologías están omnpresentes en la vida cotidiana de las sociedades occidentales. Su uso se extiende exponencialmente y en paises como el nuestro, por ejemplo, el número de smartphones supera con creces el de habitantes. Las compañías de servicios de comunicación recopilan información detallada de nuestra actividad que, aislada y fragmentada, es aparentemente inocua pero en conjunto dibuja un perfil muy detallado de nuestra persona. Esto es lo que conocemos con el concepto de Big Data. Las compañías tratan la información que entregamos inconscientemente para su uso comercial pero ésta se encuentra también a disposición de los gobiernos que así perfeccionan los mecanismos de control social.'
miércoles, 4 de mayo de 2016
Un mapa para acceder al cerebro
Durante el 2013 se ha iniciado el "Human Brain Projec"', un proyecto de investigación con el objetivo último, para los próximos 8 años, de llegar a crear una simulación informática del completo funcionamiento del cerebro humano. Un proyecto mastodóntico hecho posible únicamente por la financiación de un billón de euros destinada por la Comisión Europea en el marco de su programa “Tecnologías Futuras y Emergentes” (FET- Future and Emerging Technologies).
Las tecnociencias como inversión
Este programa representa una especie de “New Deal” del nuevo milenio: estimular más las convergencias científicas en ámbitos futuros, y por tanto arriesgados económicamente, para sacar fundamentalmente nuevas y lucrativas aplicaciones tecnológicas en el campo social (léase control sobre la sociedad) y económico. Los proyectos a concurso para obtener esta enorme financiación fueron seis, cada cual más inquietante que el anterior. Como denominador común todos tenían eso de la convergencia tecnocientífica para desarrollar nuevas tecnologías "revolucionarias" para la distopía que estamos viviendo. Como ejemplo, uno de los proyectos a concurso se pone como objetivo el reconstruir virtualmente todos los procesos biológicos del cuerpo humano, para crear un modelo de paciente standard universal, personalizable modificando simplemente las características anatómicas, fisiológicas y genéticas (1). Por otro lado, otro proyecto delirante de los del concurso, trata de recoger el mayor número de datos posible sobre el estado del planeta tierra, para desarrollar un simulador capaz de predecir las evoluciones sociales, “medir y mitigar las crisis, identificar oportunidades en áreas específicas” y proveer un apoyo en la toma de decisiones en el ámbito político, económico y social (2). Entre todos estos proyectos, han despuntado dos. Una investigación nanotech sobre el grafeno y, justamente, el proyecto estrella de la neurociencia: recrear un cerebro virtual biológicamente preciso.
Proyectos
decididamente ambiciosos pero sobretodo costosos, y el hecho de que una
institución como la Comisión Europea decida poner en juego millones de euros
subraya por lo menos dos puntos importantes acerca de estas investigaciones. El
primero es la confirmación, una más, de cómo la investigación científica, mucho
antes de servir al “progreso de la humanidad”, sirve al poder. De hecho un
proyecto prácticamente idéntico existe tanto en China como en EEUU. El
correspondiente estadounidense se llama BRAIN Iniciative (donde la sigla Brain
significa Research through Advancing Innovative Nanotechnologies) y está
financiado también por la DARPA, la agencia de investigación para las
tecnologías militares. Con respecto a que los dos proyectos están separados, se
han prometido ayuda recíproca, y si bien el proyecto europeo tenía la
apariencia de una finalidad exclusivamente “civil”, está claro que en la actual
sociedad esta distinción es un completo pretexto. En la sociedad actual, donde
la guerra es sólo uno entre muchos instrumentos a disposición de la economía
para ampliar los mercados, una ventaja en la carrera hacia el desarrollo
Hi-Tech tiene su peso en el tablero del ajedrez mundial , incluso cuando no es
un desarrollo militar. En segundo lugar es evidente, pero ni mucho menos una
novedad, la relación de simbiosis economía e investigación científica. Tras el
programa FET de la Comisión Europea queda claro que el objetivo de poner en
juego una cantidad de dinero semejante no es sólo para garantizar a Europa una
superioridad tecnológica en el campo de las neurociencias, sino también para
dar un acelerón a la transformación en aplicaciones tecnológicas capitalizables
de todo aquello que la investigación sobre bío y nanotecnologías ha desvelado a
los investigadores como conocimientos “teóricos”. Se entiende entonces porqué
dentro del proyecto está previsto un nivel para una fundación privada (en
Suiza, donde tiene sede el proyecto) encargada de explotar las oportunidades
comerciales que emergen del HBP.
El cerebro fuera de la cabeza
En este punto el Human Brain Project se convierte en un proyecto coordinado por el Politécnico Federal de Lausana y que implica 112 institutos de investigación y universidades, por la mayor parte de Europa, pero también en Canadá, China, Argentina y EEUU, por un total de 24 naciones implicadas. Su sede principal, en un primer momento situada en Lausana, cerca del campus Neuropolis con las financiaciones del Cantón de Vaud y de la firma de relojes Rolex, en un año se mueve a Ginebra, dentro de un establecimiento en desuso de la farmacéutica Merck Serono y adquirido por los emprendedores Ernesto Bertarelli y Hansjoerg Wyss, el antes CEO de Serono y el segundo fundador de Synthes y del Centro Wyss para la Bío- y la Neuro-Ingegnería. Los dos sueñan con crear aquí un “silicon valley” en lo que respecta a las biotecnologías, atrayendo industrias y starts-up entorno al campus que hospedará a la firma HBP.
En esta carrera hacia el cerebro, donde Europa y EEUU se juegan la primacía en las neurociencias, Italia no ha querido faltar a la cita, y entre los archivos de los institutos implicados en este súperproyecto destacan varias “excelencias” del “bello país”.
Primero de todo, ya que más que de un cerebro entendido humanamente, aquí se habla de superordenadores, participa el Cineca, el consorcio de Casalecchio de Reno (con sede también en Milán y Roma) que reagrupa cerca de 70 universidades de todos los países ofreciendo sus súpercalculadoras a la comunidad científica en el ámbito de la simulación numérica y la visualización científica. El LENS (el Laboratorio Europeo para la Espectroscopia No-linear) de Sesto Fiorentino, junto a la universidad de Florencia se ocuparán de desarrollar un tomógrafo óptico capaz de reconstruir la red del cerebro entera en un nivel muy detallado. La universidad de Pavía, en colaboración con el IRCCS Mondino, tratarán de desarrollar un primer modelo realista del cerebelo que irá integrado en el modelo de cerebro que saldrá del Human Brain Project. Y también el Laboratorio de Neurociencias Computacionales de Palermo, el Instituto de Ciencias y Tecnologías Cognitivas de Roma, el Politécnico de Torino y el Sant’Anna de Pisa.
La Gran Ciencia
El proyecto Human Brain tiene en sí mismo todas las características de la definida como “Big Science”: un proyecto que trata de recoger y elaborar una infinidad de datos que requiere un staff enorme, grandes laboratorios y máquinas caras y que se hace posible sólo por ingentes financiaciones. Condiciones éstas que cualquier científico esperaría para su propio ámbito de investigación, pero que se hace realidad sólo en el momento en que el sistema entreve una prioridad (o urgencia) en el desarrollar un cierto sector económico. El nacimiento de la “Big Science” está habitualmente asociado con el proyecto Manhattan, es decir el proyecto estadounidense para el desarrollo de la bomba nuclear en los años 40. Desde ese momento se inició una mutación en lo que era la relación entre ciencia y sociedad, donde el gobierno se convierte en el jefe y patrón de la ciencia generando un cambio en el carácter mismo de la institución científica. Si antes de ese momento los científicos debían saberse hacer a sí mimos para llevar a cabo sus investigaciones, de las que pocos descubrimientos encontrarían después una aplicación, desde este momento en adelante las investigaciones vendrán siempre encargadas por gobiernos, instituciones y, más recientemente, por las multinacionales convertidas en parte de la oligarquía. No más “artesanos de la ciencia”, sino empleados, científicos reclutados. O sea, una especie de proceso de industrialización de la ciencia.
Obviamente no es necesario decir que en un primer momento, poco después de la guerra, los sectores que más desarrollo encontraron por el emerger de esta nueva “Gran Ciencia” fueron la astronomía y la física, ambos sectores estratégicos por lo que era la situación histórica en relación a la guerra fría. Sin embargo, en los últimos decenios los sectores que están hallando más impulso en este tipo de investigación son las ciencias naturales, y en particular las ciencias de la vida. Si en un primer momento, del nacimiento de esta “Big Science”, la necesidad fue desarrollar la cohetería y las telecomunicaciones por satélite, en línea con la prioridad de los tiempos, hoy la necesidad a la que la ciencia debe responder, es la supervivencia del sistema mismo. La ingenierización del viviente, para afrontar las repercusiones sobre el ser humano y sobre el resto de la naturaleza que los cambios inducidos por la sociedad industrial han provocado, además de la investigación de nuevos "recursos" para tirar adelante la máquina industrial, para alimentar el sistema.
Y si el Proyecto Genoma Humano fue un esfuerzo “a lo grande” para identificar y mapear todos los genes del genoma humano (tanto desde el punto de vista físico como de sus funciones), en una era en que la manipulación genética ya no es presentada como posibilidad sino como necesidad, el Proyecto Cerebro Humano se propone llegar a entender el funcionamiento de la que puede ser vista como la sede de todo lo que se define como pensamientos, emociones o recuerdos de lo vivido.
Si bien en la base de esta investigación hay la cantinela típica de la "investigación de base" y de la "importante contribución a la investigación médica" (ya convertida en una especie de rito mágico), dadas las premisas de la sociedad en que vivimos y que se concreta sobre el control, la manipulación y la explotación, se puede intuir bien cómo el "acceso al conocimiento del funcionamiento del cerebro" es sólo un eufemismo para entender la posibilidad de abrir más la manipulación de este órgano. Y si es verdad que las enfermedades neurodegenerativas tocan ya a un segmento importante de la población y van en constante aumento, la respuesta de que la única solución real es tratar de adaptarnos (al son de los fármacos, terapias genéticas, regeneraciones de tejidos) a un ambiente que la sociedad industrial ha vuelto ya nocivo, es de lo más engañoso y perverso. El desarrollo de nuevas tecnologías que podrían resultar de esta investigación está en el centro de esta financiación millonaria. Y la seguridad de que estas tecnologías tendrán sólo usos civiles no es nada asegurado, imaginando cómo una mayor capacidad de desciframiento del cerebro humano puede jugar un rol “revolucionario” en la sociedad de la coerción que las bío y nanotecnologías están permitiendo aplicar, como ya se ha explicado en otros sitios.
Como siempre al final queda la cuestión de siempre en suspenso: ¿qué hacer de estas noticias? ¿y qué podemos hacer contra esto? Estamos hablando de una investigación científica más entre miles de mierdas que se tiran adelante en los laboratorios de medio mundo. Personalmente creo que tener un ojo puesto sobre el caudal de noticias publicadas sobre “descubrimientos milagrosos”, “invenciones excepcionales” y “nuevas investigaciones de las mil y un promesas” no es nada más que las informaciones que contienen, útiles para averiguar quién, dónde y cómo se lleva a cabo en "nuestra" ciudad el progreso tecnocientífico. Sobre lo que se puede hacer en su contra, también discutiendo con otrxs compañerxs sale a flote la sensación de que a fuerza de hablar de lo que “están haciendo” en los laboratorios, de nuevos desarrollos, etc, se corre el riesgo de alienarse en la inmovilidad al tenerse que comparar con cosas percibidas como lejanas e inaccesibles, dentro de una universidad o lugares de investigación periféricos, en el guión de un desarrollo casi incomprensible, para nada lineal y absolutamente molecularizado. En su lugar, ante nosotros la realidad ya nos abofetea con todo cuanto, en la normalidad de lo cotidiano, permite el funcionamiento de la megamáquina: infraestructuras del transporte, de las comunicaciones, del aprovisionamiento energético, las primeras tentativas que surgen de “ciudad inteligente”, con las redes informáticas que permiten su administración. Mirar adelante, a lo que el sistema tecnocientífico está preparando y en las direcciones en que nos quieren arrastrar es importante. Sin embargo la realidad para atacar en las luchas es la actual, la que ya experimentamos.
Billy
Notas:
1 ITFoM, acronimo de “Information Technology Future of Medicine”, http://www.flagera.eu/?q=itfom
2 FutureICT Knowledge Accelerator and Crisis-Relief System, www.futurict.eu/
Extraída y traducida de: L’Urlo della Terra, número 3, Septiembre 2015
martes, 8 de marzo de 2016
Acerca de los Grupos de Ayuda Mutua promovidos por la Generalitat de Catalunya
Durante el año 2015 la Generalitat de Catalunya, a través de su consejería de salud, impulsó un proyecto con el nombre de 'Activa't'. Este proyecto como informa la nota de prensa del gobierno catalán trata de convertir a los familiares de personas con trastornos mentales en 'agentes activos' en el proceso de atención y recuperación de la enfermedad. Se trataría de 'poner a disposición un circuito estructurado que permita el acceso a la información, formación y fomento del empoderamiento, así como el apoyo continuado con acciones coordinadas entre los recursos ya existentes de las diferentes redes que intervienen en la atención a la personas'. Un objetivo muy loable, pero sobre el que queremos reflexionar algunos aspectos que consideramos problemáticos.
En primer lugar, se trata de un proyecto que lanzan las instituciones políticas en un momento en el que los recortes sanitarios se han afianzado en nuestro sistema de salud. Desde 2008 hasta el 2015 se ha invertido mucho menos en materia de salud y eso se ha hecho notar en los recursos disponibles, tanto en lo que se refiere a camas hospitalarias o unidades de atención, como de ratio de profesionales por habitantes. Por tanto, podemos observar de fondo un criterio economicista como es el de máxima atención especializada por mínima inversión. La cosa sería que se da formación en grupo a individuos diagnosticados y familiares de éstos y ellos se las componen hasta cierto punto.
En este sentido, no es de extrañar quiénes son los colaboradores de tal proyecto. Por un lado, obviamente, la Federación Salut Mental de Catalunya, que buscan ampliar todo lo que se refiere a recursos de atención a sujetos diagnosticados cuánto sea posible. La cuestión que queremos plantear es a qué precio. Y por el otro, algo más sospechoso, algunas empresas de distintos sectores (desde financieras como La Caixa hasta tecnológicas y de management como Roca-Salvatella y La Magnética, pasando por las farmacéuticas como Otsuka, Janssen o Lundbeck, sin olvidar algunos clásicos de la alimentación como Coca-Cola o Nestlé). No olvidamos, claro, que el ámbito que permite la aplicación de dicho proyecto parte de la implicación activa de todas las instituciones políticas que lo imponen de diversas formas y en diversos grados a sus trabajadores.
Otras cuestión es el uso de un lenguaje proveniente de la crítica social de izquierdas y anarquista para adaptarlo al uso institucional en materia de salud mental, cosa que es de un cinismo impecable. Palabras como empoderamiento, tan de moda hoy día, ayuda mutua que recuerdan a aquello del apoyo mutuo del anarquismo, o autonomía, bañan cualquier texto que se refiera al proyecto en cuestión. Sin embargo, hay que retener que se trata de un proyecto que parte de las instituciones políticas en base al asesoramiento de determinados psiquiatras y psicólogos bien posicionados en la estructura sanitaria catalana. Eso es así, que no vendan lo que no es. Si las acciones enmarcadas en este proyecto tienen algún beneficio que no pase por el del marketing de un aparente horizontalismo y una autogestión engañosa. Y es que el hecho de esa dependencia institucional hace que todo el contenido del proyecto rezume un tufo característico. El olorcillo a lo incuestionable del diagnóstico psiquiátrico, de la cerrazón de oportunidades existenciales mediadas por ese mismo diagnóstico, de la merma de la validez de lo que dice el diagnosticado en los distintos ámbitos de la vida (sea familiar, laboral, académica o relacional, por decir algunos), de la necesidad de mediación por expertos frente a los avatares de la vida, etc. Es probable que el proyecto ayude en cuestiones concretas de información y manejo a determinadas personas, pero no se debe asumir como lo que se pretende en un futuro. Un programa psicoeducativo para personas diagnosticadas y familiares de éstos que diga lo que es y no es verdad, lo que se debe y no debe, lo que está bien y lo que no, a dispensar a nivel discrecional independientemente del individuo en cuestión y sus circunstancias individuales.
Así pues, y desde una perspectiva política, pensamos que un proyecto de este tipo comporta la colonización del espacio social de individuos diagnosticados psiquiátricamente por el discurso psi hegemónico que es muy cuestionable y muy poco científico (no quiere decir que no sea válido o útil en algunos aspectos) como se ha puesto de manifiesto no pocas veces en distintos ámbitos, incluido el psiquiátrico/psicológico. Ese espacio social no sólo está compuesto de personas diagnosticadas. Ese espacio social es el mismo para las personas (aún) no diagnosticadas. Ese espacio social compartido es el que asimismo se ve colonizado por un discurso que será el de todos, el común, el que nos proporciona un fondo de provisión de sentido para todos. Un discurso que conlleva la formación de unos valores determinados, de una moral concreta, y que finalmente acostumbra a cristalizar en una legislación establecida que a su vez crea las distinciones de lo legal/ilegal, implicando en buena medida la de bueno/malo, legítimo/ilegítimo.
Estas propuestas, que no olvidamos que ofrecen una repuesta parcial a las necesidades y deseos de parte de las personas con sufrimiento psíquico y sus allegados, nacen en el seno de una sociedad marcada por la biopolítica. Un control poco visible o disimulado de los discursos, realizado a distancia y mediante el control de la formación y la información. Una información que asume la molecularización del yo, la somatización de la ética, la predicción y posterior prevención de sucesos por venir basada en probabilidades. Y todo finalmente para generar un (bio)valor económico que aprovecha la industria bibomédica en sus distintas variantes (farmacéuticas, biotecnológicas, genotecnológicas...).
Como es sabido por los trabajos del último Foucault, el poder ya no es únicamente aquel poder disciplinario institucional. El nuevo poder desarrollado en las últimas décadas es un poder que se difunde mediante redes, de forma descentralizada, y mediante microtecnologías. Lo hemos visto en otros ámbito como el de prevención de la criminalidad. El 'policía de proximidad' sería un buen ejemplo de ello, siempre gentil, atento y dispuesto a ayudar, pero policía al fin y al cabo, con sus funciones intactas. Esa figura se ha ido implantando por todo el territorio con la voluntad de ejercer un control preventivo de conductas ilegales mediante la relación habitual con partes de la población (comerciantes, representantes vecinales, etc) y la rápida accesibilidad a los 'agentes de seguridad', que las más de las veces actúan como mediadores, sin olvidar su faceta represiva nunca, aunque minimizada al máximo. La sujeción se hace de esta forma menos visible, por habitual y amable.
No queremos dejar de mancionar el papel de los propios actores, las personas diagnosticadas, sus allegados y los profesionales del ámbito sanitario. Hay que decir claramente que oponerse a un proyecto de este tipo ya implica posicionarse como malo en el sentido de que se trata de un proyecto promocionado como algo que se hace frente a no hacer nada, algo que se hace contando con las personas implicadas y algo que se hace para mejorar la vida de esas personas. Lo opuesto obviamente es muy malo. Pero no se trata de una oposición sino de una reflexión necesaria. Si no se aclara previamente las instancias de dónde parte el proyecto, los financiadores de éste, el modo de implementarlo (por ejemplo tratando de obligar a los profesionales a trabajar el fin de semana para facilitar la accesibilidad), el contexto socioeconómico y político en el que nace, se llevan a cabo acciones que pueden derivar en los mismos problemas que trataba de solventar. El concepto de 'némesis médica' de Ivan Illich podría sernos de utilidad. Hay que saber también que la psicoeducación se ha valorado negativamente muchas veces en relación con el pronóstico de las personas diagnosticadas. Los motivos no son claros pero puede tener relación con la estigmatización por etiquetaje y la adaptación forzada a una forma de vida o la disminución del empoderamiento por individualización y somatización de cuestiones sociales y colectivas, entre otras posibilidades.
En definitiva, pensamos que se trata de un proyecto que busca paliar la pérdida de recursos en la red de salud mental por la crisis económica y la gestión política de la misma, supliéndola con la formación dirigida a los familiares y a las personas diagnosticadas de forma general y masiva, nada individualizada. Una 'nueva' forma de poder, el 'pastoral', por seguir con Foucault, que utiliza el discurso, la comunicación/información, la identificación, etc, para enmascarar la autoridad. No en vano, Nikolas Rose, aplicándo esto a la medicina moderna afirma que 'estos nuevos pastores del soma profesan los principios éticos del consentimiento informado, la autonomía, la acción voluntaria, la elección y la no directividad' y que 'esas microtecnologías transforman las subjetividades de quienes deben dar o rehusar su consentimiento, por medio de técnicas discursivas que enseñan nuevos modos de traducirse y traducir las propias acciones en pensamiento y lenguaje, nuevos modos de volverse y volver las propias acciones susceptibles de juicio'. Es decir, se desdibuja el límite entre coerción y consentimiento, y se proveen los medios que constituyen el primer paso en la carrera moral de la identidad deteriorada. Ofrecer cursos para convertirse en dinamizadores de grupo de personas con enfermedad mental es un ejemplo de lo que estamos diciendo. Se fomenta la enfermedad (con todas las precauciones imprescindibles cuanto a diagnóstico en las disciplinas psi) como identidad y se llega a promover el hacer 'carrera profesional' de ello.. Se fomenta la enfermedad como identidad y hacer de ella carrera 'profesional'.
En primer lugar, se trata de un proyecto que lanzan las instituciones políticas en un momento en el que los recortes sanitarios se han afianzado en nuestro sistema de salud. Desde 2008 hasta el 2015 se ha invertido mucho menos en materia de salud y eso se ha hecho notar en los recursos disponibles, tanto en lo que se refiere a camas hospitalarias o unidades de atención, como de ratio de profesionales por habitantes. Por tanto, podemos observar de fondo un criterio economicista como es el de máxima atención especializada por mínima inversión. La cosa sería que se da formación en grupo a individuos diagnosticados y familiares de éstos y ellos se las componen hasta cierto punto.
En este sentido, no es de extrañar quiénes son los colaboradores de tal proyecto. Por un lado, obviamente, la Federación Salut Mental de Catalunya, que buscan ampliar todo lo que se refiere a recursos de atención a sujetos diagnosticados cuánto sea posible. La cuestión que queremos plantear es a qué precio. Y por el otro, algo más sospechoso, algunas empresas de distintos sectores (desde financieras como La Caixa hasta tecnológicas y de management como Roca-Salvatella y La Magnética, pasando por las farmacéuticas como Otsuka, Janssen o Lundbeck, sin olvidar algunos clásicos de la alimentación como Coca-Cola o Nestlé). No olvidamos, claro, que el ámbito que permite la aplicación de dicho proyecto parte de la implicación activa de todas las instituciones políticas que lo imponen de diversas formas y en diversos grados a sus trabajadores.
Otras cuestión es el uso de un lenguaje proveniente de la crítica social de izquierdas y anarquista para adaptarlo al uso institucional en materia de salud mental, cosa que es de un cinismo impecable. Palabras como empoderamiento, tan de moda hoy día, ayuda mutua que recuerdan a aquello del apoyo mutuo del anarquismo, o autonomía, bañan cualquier texto que se refiera al proyecto en cuestión. Sin embargo, hay que retener que se trata de un proyecto que parte de las instituciones políticas en base al asesoramiento de determinados psiquiatras y psicólogos bien posicionados en la estructura sanitaria catalana. Eso es así, que no vendan lo que no es. Si las acciones enmarcadas en este proyecto tienen algún beneficio que no pase por el del marketing de un aparente horizontalismo y una autogestión engañosa. Y es que el hecho de esa dependencia institucional hace que todo el contenido del proyecto rezume un tufo característico. El olorcillo a lo incuestionable del diagnóstico psiquiátrico, de la cerrazón de oportunidades existenciales mediadas por ese mismo diagnóstico, de la merma de la validez de lo que dice el diagnosticado en los distintos ámbitos de la vida (sea familiar, laboral, académica o relacional, por decir algunos), de la necesidad de mediación por expertos frente a los avatares de la vida, etc. Es probable que el proyecto ayude en cuestiones concretas de información y manejo a determinadas personas, pero no se debe asumir como lo que se pretende en un futuro. Un programa psicoeducativo para personas diagnosticadas y familiares de éstos que diga lo que es y no es verdad, lo que se debe y no debe, lo que está bien y lo que no, a dispensar a nivel discrecional independientemente del individuo en cuestión y sus circunstancias individuales.
Así pues, y desde una perspectiva política, pensamos que un proyecto de este tipo comporta la colonización del espacio social de individuos diagnosticados psiquiátricamente por el discurso psi hegemónico que es muy cuestionable y muy poco científico (no quiere decir que no sea válido o útil en algunos aspectos) como se ha puesto de manifiesto no pocas veces en distintos ámbitos, incluido el psiquiátrico/psicológico. Ese espacio social no sólo está compuesto de personas diagnosticadas. Ese espacio social es el mismo para las personas (aún) no diagnosticadas. Ese espacio social compartido es el que asimismo se ve colonizado por un discurso que será el de todos, el común, el que nos proporciona un fondo de provisión de sentido para todos. Un discurso que conlleva la formación de unos valores determinados, de una moral concreta, y que finalmente acostumbra a cristalizar en una legislación establecida que a su vez crea las distinciones de lo legal/ilegal, implicando en buena medida la de bueno/malo, legítimo/ilegítimo.
Estas propuestas, que no olvidamos que ofrecen una repuesta parcial a las necesidades y deseos de parte de las personas con sufrimiento psíquico y sus allegados, nacen en el seno de una sociedad marcada por la biopolítica. Un control poco visible o disimulado de los discursos, realizado a distancia y mediante el control de la formación y la información. Una información que asume la molecularización del yo, la somatización de la ética, la predicción y posterior prevención de sucesos por venir basada en probabilidades. Y todo finalmente para generar un (bio)valor económico que aprovecha la industria bibomédica en sus distintas variantes (farmacéuticas, biotecnológicas, genotecnológicas...).
Como es sabido por los trabajos del último Foucault, el poder ya no es únicamente aquel poder disciplinario institucional. El nuevo poder desarrollado en las últimas décadas es un poder que se difunde mediante redes, de forma descentralizada, y mediante microtecnologías. Lo hemos visto en otros ámbito como el de prevención de la criminalidad. El 'policía de proximidad' sería un buen ejemplo de ello, siempre gentil, atento y dispuesto a ayudar, pero policía al fin y al cabo, con sus funciones intactas. Esa figura se ha ido implantando por todo el territorio con la voluntad de ejercer un control preventivo de conductas ilegales mediante la relación habitual con partes de la población (comerciantes, representantes vecinales, etc) y la rápida accesibilidad a los 'agentes de seguridad', que las más de las veces actúan como mediadores, sin olvidar su faceta represiva nunca, aunque minimizada al máximo. La sujeción se hace de esta forma menos visible, por habitual y amable.
No queremos dejar de mancionar el papel de los propios actores, las personas diagnosticadas, sus allegados y los profesionales del ámbito sanitario. Hay que decir claramente que oponerse a un proyecto de este tipo ya implica posicionarse como malo en el sentido de que se trata de un proyecto promocionado como algo que se hace frente a no hacer nada, algo que se hace contando con las personas implicadas y algo que se hace para mejorar la vida de esas personas. Lo opuesto obviamente es muy malo. Pero no se trata de una oposición sino de una reflexión necesaria. Si no se aclara previamente las instancias de dónde parte el proyecto, los financiadores de éste, el modo de implementarlo (por ejemplo tratando de obligar a los profesionales a trabajar el fin de semana para facilitar la accesibilidad), el contexto socioeconómico y político en el que nace, se llevan a cabo acciones que pueden derivar en los mismos problemas que trataba de solventar. El concepto de 'némesis médica' de Ivan Illich podría sernos de utilidad. Hay que saber también que la psicoeducación se ha valorado negativamente muchas veces en relación con el pronóstico de las personas diagnosticadas. Los motivos no son claros pero puede tener relación con la estigmatización por etiquetaje y la adaptación forzada a una forma de vida o la disminución del empoderamiento por individualización y somatización de cuestiones sociales y colectivas, entre otras posibilidades.
En definitiva, pensamos que se trata de un proyecto que busca paliar la pérdida de recursos en la red de salud mental por la crisis económica y la gestión política de la misma, supliéndola con la formación dirigida a los familiares y a las personas diagnosticadas de forma general y masiva, nada individualizada. Una 'nueva' forma de poder, el 'pastoral', por seguir con Foucault, que utiliza el discurso, la comunicación/información, la identificación, etc, para enmascarar la autoridad. No en vano, Nikolas Rose, aplicándo esto a la medicina moderna afirma que 'estos nuevos pastores del soma profesan los principios éticos del consentimiento informado, la autonomía, la acción voluntaria, la elección y la no directividad' y que 'esas microtecnologías transforman las subjetividades de quienes deben dar o rehusar su consentimiento, por medio de técnicas discursivas que enseñan nuevos modos de traducirse y traducir las propias acciones en pensamiento y lenguaje, nuevos modos de volverse y volver las propias acciones susceptibles de juicio'. Es decir, se desdibuja el límite entre coerción y consentimiento, y se proveen los medios que constituyen el primer paso en la carrera moral de la identidad deteriorada. Ofrecer cursos para convertirse en dinamizadores de grupo de personas con enfermedad mental es un ejemplo de lo que estamos diciendo. Se fomenta la enfermedad (con todas las precauciones imprescindibles cuanto a diagnóstico en las disciplinas psi) como identidad y se llega a promover el hacer 'carrera profesional' de ello.. Se fomenta la enfermedad como identidad y hacer de ella carrera 'profesional'.
jueves, 18 de febrero de 2016
Retazos sobre Biopoder (I)
El libro del sociólogo británico Nikolas Rose , 'Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad en el siglo XXI', se impone como un libro fundamental en el conocimiento de la biomedicina moderna y las consecuencias que ésta tiene y puede llegar a tener en distintos ámbitos. Rose reflexionará, con abundantes referencias de nuestra actualidad, acerca del poder, la economía, la ética o la política en su relación con la vida, la vitalidad humana. Dejo un primer extracto del capítulo 'Política y vida' para ir haciendo boca.
Hacia comienzos del siglo XXI, el valor del complejo biotecnológico biomédico -empresas de biotecnología (dedicadas a desarrollos tan variados como células madre terapéuticas o pruebas de paternidad mediante ADN), empresas farmacéuticas, fabricantes de máquinas, equipos, reactivos y mucho más- era inmenso. Algunos críticos gozaban sugiriendo que se trataba de una economía “burbuja”, que ya se encontraba a punto de explotar (Ho, Meyer y Cummins, 2003). Pero los proveedores de información sobre el mercado que informan sobre la situación en 2005 (a quienes pueden afrontar el costo de sus informes) no opinan lo mismo. Por ejemplo, el Informe Global sobre Biotecnología de 2005, de Ernst y Young, titulado, como sus antecesores, Beyond Borders, señala que la biotecnología está llegando “más allá de las frontera” porque “evoluciona, se reestructura y se recombinará rápidamente […]. Con la difusión de la biotecnología en el mundo entero, los grandes avances logrados en Asia […] las respuestas a los retos se están hallando en el nivel global, pues los obstáculos en una región se superan aprovechando las fortalezas y capacidades de otra parte del globo”. Con particular hincapié en la mejora de los regímenes reglamentarios y de propiedad intelectual en China e India, la visión de la Biópolis de Singapur y el hecho de que “desde Malasia hasta Michigan los gobiernos se encuentran desarrollando planes estratégicos con metas ambiciosas en materia de biotecnología”, señalan que “la industria global reunió la importante suma de 21,2 mil millones de dólares en 2004” para desarrollo de etapa temprana, pero ni siquiera esa cifra fue suficiente para satisfacer las necesidades de capital para etapas tempranas. Si bien los “ingresos del sector global de la biotecnología crecieron 17% en 2004 (54,6 mil millones de dólares)”, aparte de reunir 21,2 mil millones de dólares de capital aportados por inversores privados y otros actores del mercado de capitales, todavía registraba pérdidas netas de 5,3 mil millones de dólares y muchas empresas que procuraron reunir fondos en ofertas públicas iniciales de acciones no obtuvieron las valuaciones que buscaban y experimentaron caídas en el precio de sus acciones. Los tiempos que corren pueden “constituir un desafío”, como el informe señala en forma reiterada; causas no poco importantes son los desarrollos en materia de reglamentaciones y legislación en muchas regiones, por ejemplo, en los EEUU; los debates con respecto a la ética de la investigación con células madre; y la inclinación de ciertos legisladores clave a “escudriñar los acuerdos de investigación entre centros académicos, médicos y empresas biotecnológicas y farmacéuticas” y a cuestionar “potenciales conflictos de intereses”. En Europa, después de “soportar algunas tormentas peligrosísimas y recentrar sus recursos durante los últimos años” los mercados de capitales se están recuperando y la industria de la biotecnología está “doblando la esquina” y centrándose en llevar productos al mercado, a pesar de las preocupaciones continuas respecto a la carga reglamentaria, en particular, en lo vinculado con seguridad de los fármacos. El sector asiático de la biotecnología “sigue creciendo de manera agresiva” y “las empresas de biotecnología en la región incrementaron sus ingresos brutos en el 36% en 2004” si bien también esas firmas enfrentan “desafíos”, puesto que la inversión de empresas occidentales se ve obstaculizada por su preocupación respecto de la protección de la propiedad intelectual, y son, por consiguiente, los gobiernos y conglomerados industriales de otros sectores los que deben proporcionar el capital que, en Occidente, se reuniría de otros modos. No obstante, el atractivo y la promesa del biocapital mantienen su fuerza.
En efecto, sin importar qué “desafíos” se presenten, políticos de nivel nacional y local de países de todo el mundo siguen propiciando el crecimiento del sector biotecnológico y buscan encontrar un nicho en esta bioeconomía global. La estrategia Cape Cluster de Sudáfrica, por ejemplo, pone de relieve los “motores del nicho” que podrían impulsar oportunidades de mercado y voluntades políticas en relación con cinco factores clave: “la riqueza singular de Sudáfrica en materia de biodiversidad; la prevalencia de enfermedades inmerecidas que generan demanda local (sida, malaria, tuberculosis); poblaciones genéticas de características singulares, tanto de inmigrantes como de grupos africanos diversos aislados del resto de la población; entorno clínico sólido (en Sudáfrica tuvo lugar el primer trasplante de corazón); bajo costo de la investigación y desarrollo (I+D) y gestión de la propiedad intelectual a nivel del primer mundo”. Como la OCDE, que previó destinar dos millones de euros para su programa de desarrollo de un escenario orientado al futuro, los gobiernos de diversos países implementaron ejercicios de previsión y detección temprana para estar en condiciones de trazar un mapa del potencial de esta revolución industrial biotecnológica en la administración de la salud, la enfermedad y la vida, y formularon estrategias en los niveles internacional, nacional y local -financiación de las investigaciones, transferencia de tecnología, apoyo a empresas emergentes (start-ups) y empresas “semilla” (spin-offs), exenciones fiscales para la investigación y desarrollo, escasos obstáculos reglamentarios- para alentar el desarrollo de este sector de la economía.
Los circuitos trazados por estas economías contemporáneas de la vitalidad son, por tanto, conceptuales, comerciales, éticos y espaciales. Esos espacios abarcan lo atómico, lo molecular, lo celular, lo orgánico, los espacios donde se desarrolla la práctica (laboratorios, clínicas, consultorios, fábricas), las ciudades y sus economías (Shangai, Mumbai, Ciudad del Cabo), las naciones y sus marcos reglamentarios y estrategias económicas, y los espacios virtuales de internet que garantizan la disponibilidad inmediata, en cualquier lugar del mundo, de la totalidad de datos del genoma. Los circuitos se movilizan mediante una diversidad de relaciones. Laboratorios farmacéuticos radicados en América del Norte y Europa ponen a prueba sus drogas experimentales en África, Asia, Europa del Este y América Latina; los resultados retornan a la base y alimentan la producción de productos nuevos y lucrativos dirigidos al mercado del mundo desarrollado, que habrán de generar valor para los accionistas*. Las comunidades biosociales compuestas de personas afectadas que, según se cree, tienen un componente genético convocan a sus miembros dispersos por el mundo entero para que donen sangre y tejidos, los almacenen en bancos de tejidos y los ponen a disponibilidad de la investigación biomédica (Corrigan y Tutton, 2004; Taussig, 2005). Los genetistas en persona viajan por el mundo recolectando muestras de tejidos de familias afectadas por enfermedades para someterlas al análisis genómico. Investigadores europeos y estadounidenses, empleados, en muchos casos, de empresas biotecnológicas, viajan a zonas alejadas, extraen tejidos de sus poblaciones “aisladas” y las transportan de regreso a Europa o a los EEUU para analizarlos genómicamente e identificar posibles marcadores de susceptibilidad a enfermedades que podrían dar lugar a inventos patentables**. Así, la producción del conocimiento explotable de la vitalidad requiere, en la actualidad, de múltiples circuitos transnacionales para movilizar y asociar artefactos materiales, tejidos, líneas de células, reactivos, secuencias de ADN, técnicas, investigadores, financiamiento, producción y comercialización.
Los circuitos de la vitalidad no son en sí nuevos: basta con pensar, por ejemplo, en las prácticas de recolección “etnobotánica” de semillas y plantas, de larga data, o en el intercambio de material biológico y organismos modelo como moscas de la fruta, que ocuparon un lugar fundamental en la genética moderna (Balick y Cox, 1996; Kholer, 1994). Sin embargo, en la actualidad, se ha producido una suerte de “des-encastre”: la vitalidad se descompuso en una serie de objetos distintos y discretos, pasibles de ser estabilizados, congelados, guardados, almacenados, acumulados, intercambiados, negociados entre diferentes tiempos, espacios, órganos y especies, entre contextos y empresas diversos, al servicio de intereses bioeconómicos. Para algunos observadores, tal capitalización de la vitalidad humana es motivo de profunda preocupación. De manera inevitable, suscita interrogantes respecto de las fronteras de la vida y de esas entidades conflictivas -en particular, embriones y células madre-, cuya posición en los pares binarios vida/no vida, humano/no humano se encuentra sujeta a discusión. Al margen de esta cuestión que, por el momento, no profundizaré, el desarrollo de un mercado de tejidos humanos ha sido objeto de fuertes críticas por parte de numerosos observadores. Dorothy Nelkin, en uno de sus primeros análisis exhaustivos de ese mercado, sostuvo que las empresas de biotecnología reducen y descontextualizan el cuerpo, lo despojan de sus significados culturales y asociaciones personales, lo reducen a un objeto utilitario, tal como lo revela el hecho de que el lenguaje de la biociencia ha pasado a estar “permeado del lenguaje comercial de la oferta y la demanda. Las partes del cuerpo se extraen como minerales, se cosechan como cultivos, o se explotan como un recurso. El tejido se adquiere, un término utilizado más comúnmente en relación con tierras, bienes o prostitutas (Andrews y Nelkin, 2001:5). No queda claro, sin embargo, si el motivo de la crítica es el hecho de que esas prácticas hayan sido legitimizadas por medio del consentimiento informado y conformadas a los deseos y creencias de los pacientes y sujetos involucrados, si lo objetable es la intrusión del comercio en el mundo de la medicina, que, de otro modo, sería, aparentemente, benigno, si el problema radica en que los beneficios no los perciban las personas involucradas ni la comunidad sino el capital privado, o si la objeción tiene que ver con la mercantilizción de los elementos de la vitalidad humana.
Lo que sin duda queda claro, en cambio, es que la distinción clásica establecida en la filosofía moral entre lo que no es humano -poseíble, comerciable, mercantilizable- y lo que es humano -material no legítimo para tal mercantilización- ya no basta para resolver esta cuestión: En mi opinión, las tensiones entre la cada día más intensa ética somática de Occidente, que asigna un lugar central a la gestión de la propia salud y el propio cuerpo de conformidad con la autorrepresentación contemporánea, y las inequidades e injusticias de la infraestructura económica, tecnológica y biomédica, nacional e internacional, requerida para hacer posible tal ética somática son un rasgo constitutivo de la biopolítica contemporánea.
[…]
… estamos presenciando el surgimiento de una ética nueva e innovadora: se trata de una ética de la ciudadanía biológica y la responsabilidad genética. Nuestra individualidad somática, corporal, neuroquímica se ha convertido en un ámbito de ejercicio de la elección, la prudencia y la responsabilidad; se encuentra abierta a la experimentación y la controversia. La vida ya no se concibe como un legado inalterable. La biología ha dejado de ser destino.
[…]
Hoy, la vocación política de las ciencias de la vida se encuentra vinculada a la creencia de que en la mayoría de los casos, tal vez en todos, una vez identificada y evaluada, la persona que se encuentra en riesgo biológico o que es susceptible de riesgo podrá ser tratada o transformada mediante la intervención médica en el nivel molecular. En este régimen, cada sesión de asesoramiento en genética, cada amniocentesis, cada receta de un antidepresivo se cimenta en la posibilidad, al menos, de un juicio respecto de la calidad relativa y comparativa de vida se seres humanos compuestos de modo diferente y de diferentes modos de ser humano. La técnica biomédica ha extendido la posibilidad de elección a la matriz misma de la existencia vital y, como resultado, nos enfrentamos con la ineludible tarea de deliberar acerca del valor de diferentes vidas humanas, con las controversias que entrañan esas decisiones, con los conflictos que plantea establecer quiénes han de tomarlas y quiénes no deberían hacerlo.
* Se refiere aquí a la externalización de los ensayos clínicos occidentales a otros países en vías desarrollo o subdesarrollados. Externalización que se produce por las necesidades de obtener rápidos rendimientos para el capital en un contexto de economía competitiva, entre otros factores. Rose alude a una serie de artículos publicados en el diario Washington Post en el año 2000, con el título común de “The Body Hunters”, que documentan ensayos clínicos llevados a cabo por farmacéuticas estadounidenses en países en desarrollo.
** Rose incluye aquí una nota donde referencia casos de mercantilización de muestras de tejido como negocio. Incluye el ejemplo de la empresa Autogen (empresa de investigación y desarrollo bioteconológica de Australia) que habría comprado la reserva genética tonganesa en su búsqueda de medicamentos para tratar la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la hipertensión, el cáncer y las úlceras. La sangre se utilizaría para extraer ADN a partir del cual establecer pedigrís genéticos de integrantes de las familias como parte de la búsqueda de genes causantes de las enfermedades. En palabras del profesor Greg Collier, investigador de Autogen, “el gobierno tonganés se beneficiará con el pago de regalías si algo se logra, habrá más puestos de trabajo y la población recibirá cualquier droga que se obtenga a partir de la investigación de forma gratuita”.
lunes, 15 de febrero de 2016
Acerca del zika y soluciones biotecnológicas ofertadas
Dejo este artículo que ilustra cuáles son algunas de las soluciones que nos ofertan las empresas tecnológicas para combatir las nuevas epidemias que se presenten en el futuro. Epidemias que algunos están interesados en promocionar y difundir para conseguir beneficios a dichas empresas. Sin embargo, como afirma el artículo, antes que nada hay que analizar y confirmar, revisando otros factores que pueden influir o causar el desarrollo de estas enfermedades y sus consecuancias. Mucho se habla del futuro prometedor de esas soluciones biotecnológicas y poco de las consecuencias nocivas que puede traer para los ecosistemas...
Silvia Ribeiro. Investigadora del Grupo ETC
Los datos en los que se basa la declaración de emergencia internacional por el virus zika son sorprendentes. No por los riesgos que la expansión que este virus implicaría, sino por la falta de evidencias para motivar tan grandilocuente declaración por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ante una enfermedad leve, con muy escasos indicios de conexión con dolencias más serias y sin pruebas científicas de ello. Para suplir estas ausencias, agrega que como el vector de la enfermedad –el mosquito Aedes aegypti– es también vector de dengue y chikungunya, se está atacando las tres.
Este contexto alarmista, enfocado en aspectos singulares –el "ataque" al vector, aislado de sus causas– favorece enfoques estrechos, erróneos e incluso peligrosos. Por ejemplo, la empresa Oxitec, que ha hecho controvertidos experimentos con mosquitos transgénicos, los promueve ahora como "solución" (en realidad como negocio) ante la expansión de zika, obviamente sin mencionar los riesgos que conlleva y que los mosquitos transgénicos podrían incluso empeorar la situación.
Oxitec ya realizó experimentos de liberación de mosquitos transgénicos en Islas Caymán, Malasia, Panamá y Brasil. Intentó hacerlo en Europa, que no lo permitió por razones de bioseguridad y estudios de impacto deficientes. Encontró regulaciones "flexibles" en Brasil, donde ha hecho experimentos en el noreste, aunque no pudo conseguir la autorización de Anvisa, autoridad sanitaria de ese país. Su técnica es producir Aedes aegypti transgénicos manipulados con un gen letal condicional, que no se expresa si se aplica el antibiótico tetraciclina, lo cual hacen durante la cría. Luego los liberan para cruzarse con mosquitos silvestres, que si no encuentran el antibiótico, producirían descendencia estéril.
Oxitec reporta una reducción de 80-90 por ciento de la población de mosquitos en las zonas de experimento. Pero según documentados informes de Edward Hammond, Red del Tercer Mundo y de GeneWatch, la realidad es muy distinta.
En un informe de 2015, GeneWatch explica que la disminución de mosquitos no está probada, porque los mosquitos silvestres se pueden haber sencillamente trasladado a zonas aledañas. Los resultados de Islas Caymán sugieren que la técnica es muy ineficaz, ya que usaron 2.8 millones de mosquitos por semana para combatir una población silvestre de 20 mil mosquitos y de todas maneras, aunque informaron una baja en la zona de liberación, hubo un aumento de la población de mosquitos en zonas vecinas. Pero además, aunque provisoriamente bajara la cantidad de mosquitos, no existe evidencia, en ninguna parte del mundo, de que los mosquitos transgénicos hayan reducido la incidencia de dengue ni otras enfermedades.
Por el contrario, una de las preocupaciones sobre los impactos de los mosquitos transgénicos, particularmente en zonas endémicas, es que la disminución temporal, pueda bajar la resistencia cruzada a varios serotipos del dengue que existe en esas poblaciones, favoreciendo el avance de formas más agresivas como dengue hemorrágico. Además, el desplazamiento de Aedes aegypti puede favorecer la expansión de trasmisores rivales, en el caso del dengue, del Aedes albopictus, que es más difícil de erradicar.
GeneWatch nombra también que Oxitec no ha presentado pruebas de que la proteína que expresan los mosquitos transgénicos, llamada tTA, no tenga efectos alergénicos o tóxicos en animales o humanos, pese a que ya se ha observado toxicidad y neurotoxicidad en ratones.
Desde 2015 Oxitec pasó a ser propiedad de Intrexon, empresa de biología sintética estadunidense, por lo que podría estar considerando el uso de tecnologías de biología sintética con mosquitos, más riesgosas, como el uso de conductores genéticos (gene drives) que podrían modificar toda una población de mosquitos en una o dos generaciones. Las consecuencias de modificar toda una especie tendría implicaciones imprevisibles, incluyendo impactos potenciales serios en el ecosistema y mutaciones en los agentes de las enfermedades. Ya existen experimentos confinados de modificación de insectos con esta técnica en universidades de Estados Unidos, lo que motivó una alerta de científicos sobre los altos riesgos de esta tecnología, incluso su potencial uso como arma biológica. (The Independent, 2/8/15) Sin embargo, en aguas de la "emergencia" por el zika, aumentan la propaganda y presiones para usar esta tecnología.
Son remiendos técnicos estrechos, concebidos más como negocio que para enfrentar realmente los problemas. Además de los impactos que conllevan, desvían la consideración de las causas y atrasan su atención real.
Según datos oficiales al 2/2/16, se han confirmado 404 casos de microcefalia en Brasil. Solamente 17 tenían el virus zika. Es apenas 4.2 por ciento de los casos confirmados y sólo muestra que el virus estaba presente, no que fuera causante de microcefalia, anomalía que tiene un amplio espectro de causas posibles, como exposición durante el embarazo a tóxicos, desnutrición y otras infecciones, todos factores de alta incidencia entre la población pobre del noreste, donde están 98 por ciento de los casos referidos.
La Asociación Brasileña de Salud Colectiva publicó una excelente nota técnica y carta abierta al pueblo, notando que el aumento de microcefalia se puede deber al uso de insecticidas y larvicidas que se colocan en el agua potable (¡!), cuya concentración aumentó en el noreste en el periodo en cuestión, debido al racionamiento de agua por sequías inesperadamente más intensas que lo normal. Exigen una consideración amplia de las causas de microcefalia, en una estrategia decidida con la gente, desde sus condiciones, que al contrario de esos enfoques técnicos de alto riesgo, es la única forma efectiva de enfrentar las epidemias.
Silvia Ribeiro. Investigadora del Grupo ETC
sábado, 30 de enero de 2016
Más sobre el proyecto VISC+
El proyecto de la Generalitat VISC+ vuelve a dar noticias
como esta. Si bien, según el diario, la Generalitat prometió paralizarlo hasta una
‘jornada participativa con los actores sociales’ (base de la nueva gobernanza
eso de parecer participativo e incluir lo social, lo interdisciplinar o lo
multicultural, según el momento y contexto), la cesión de datos sanitarios de
ciudadanos catalanes ya funcionaba desde junio’15. Y es que ya lo había
dispuesto así desde la publicación del DOGC de abril’15. Vamos, que la promesa
para los que tienen fe y confían en el compromiso con la palabra dada de un
político.
Algunas consideraciones nos parecen necesarias. Por un lado,
la cuestión del compromiso ético con la palabra dada que algunos aún le
consideran a los que detentan el poder ejecutivo. Esa cuestión de la
responsabilidad de los políticos como representantes del pueblo soberano, como
gustan decir. En tiempos en los que la población, la ciudadanía, esa masa
individualizada, se deja guiar por los expertos de la gestión política, amén de
otros expertos de todo pelaje, ¿a quién extraña que esos que se autodenominan
expertos de la gestión de lo común (y que no cesan de privatizar) se apropien
de los derechos de todos para decidir por su cuenta lo que está bien o no?.
Acostumbrados como están a establecer lo que es legal o no, lo que es interés
general o no, lo que es legítimo o no, y hacerlo por su cuenta con los suyos y
en base a unos intereses muy concretos que comparten los que comparten ese lujo
de tener cuota de poder sobre lo común, ¿a quién puede sorprender?. Pues bien,
a los bienpensantes de izquierdas con fe en la democracia y el parlamentarismo
de El País, por lo visto sí. Pero, ¿para qué esperar a que el debate político y
social establezca lo que está bien o lo que es legítimo decidir como
representante político?. Como en el fondo intuimos casi todos, y muchos asumen
ya abiertamente, esta es la esencia de la democracia parlamentaria. Un
teatrillo muy pomposo que se repite un día cada cuatro años más o menos en el
que una parte de la población bastante reducida elige a quién puede decidir
durante esos cuatro años, pactando con otros a los que no se ha votado por no
compartir ideas, intereses y prácticas supuestamente, sobre lo que va a regir
las vidas de todos. ¿!Debate social?! Si es un simulacro, sí, por cuestión de
economía política y dosificación de poder.
Por otro lado, vivimos en unos tiempos en los que la
tecnología y la ciencia, lo que se llamado sistema tecnocientífico' al diluirse
los límites entre una y otra y entreverarse de una manera indisoluble, rigen lo
que se puede y lo que no se puede realizar, dando por asumido que lo que se
puede realizar, se debe realizar. Ese imperativo de la tecnociencia ya lo
expuso magistralmente Günther Anders en su gran obra ‘La obsolescencia del
hombre’, y nos alertó de los efectos que la tecnología tiene en la concepción
del hombre y el mundo que habita y conforma.
Y es que no aprovechar los datos que nos ofrece nuestra biología para
saber más es algo punible cuando la ontología dominante es la económica. 'Lo no
aprovechable no es, o no merece ser'. Un nazi no lo podría resumir mejo. Por su
parte, un filósofo de nuestras tierras, Josep Mª Esquirol, remarca el hecho de
que la tecnología no es neutral y dependa sólo del uso que le da el hombre. Eso
sería, como bien dice, obviar que la tecnología modifica nuestra perspectiva
del mundo y de nosotros mismos. Esa hipotética neutralidad tecnológica es la
que permite dejar que los gestores de turno inmersos en todos los sistemas de
gobernanza, y formados por aquellos que se interesan en potenciar un único
mundo mercantil que comercie con todo, léase las distintas escuelas de
negocios, EADA, ESADE, IESE y acrónimos del lucro, impongan tecnologías que
permiten sustituir el sentido común humano y la formación por experiencia por
un sistema de computabilidad aparentemente hiperracional (y por eso orientado a
ser absoluto) y por árboles de decisión basados en protocolos previamente
confeccionados por expertos (claro, sin conflictos de intereses...).
En definitiva, de lo que se trata una vez más es de constatar que
vivimos un mundo mercantil donde TODO es vendible y comprable. Y sí, también un
sistema de democracia parlamentaria. Esto segundo no modifica lo primero que
hace ya muchos años que sabemos que es la esencia de nuestro mundo. Lo
político, sin su acompañante ético traducido en el compromiso de las ideas y
las prácticas consecuentes, no le llega a lo económico ni a la suela de los
zapatos. Puede ser triste, pero es real. Se confirma cada día. Esta noticia es
una certificación más. Grave, eso sí. Grave porque da un paso más hacia la
cosificación y mercantilización del ser humano. Perdón, lapsus, de los datos
desglosados de lo que es un ser humano. El fundamento de nuestro tiempo, la
descomposición y el análisis... las partes por encima del todo. Que si los
datos son anónimos (a estas alturas de la película con esas), que si la
investigación avanza (¡¿para qué, para
quién y a costa de qué?!), que si sólo se cederán los datos para empresas
públicas (esto sí da risa, en un país con fundamentos neoliberales hasta la
médula en que todo funciona por el ‘entendimiento’ entre lo público y lo
privado como motor económico; como ejemplo la cesión de datos al Centre of
Genomic Regulation que es tan público que en su cartera de negocios están
varios laboratorios farmacéuticos, fondos de inversión, etc, etc). Excusas a
las que estamos demasiado acostumbrados y que por eso, y por las leyes que
reprimen la acción realmente beligerante, toleramos con resignación y hasta con
cierta indiferencia. Para los ilusos que confían de nuevo en el tinglado
político-económico y su marketing de imagen ética, siempre les quedarán las CUP
o Podemos o el nuevo partido político que ponga nuevas líneas rojas. Confiemos
en su palabra dada...
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