Cuando el mundo de la técnica sustrae nuestra esencia humana, cuando nuestros cuerpos se convierten en meras mercancías con las que trabajar, cuando la medicina se convierte en forma de gobierno y la tecnología en su instrumento principal, es hora de escupir unas cuantas verdades.

sábado, 29 de abril de 2017

GPS para “tratar” nuestra salud mental



Translational Psychiatry (2017), 7

Cuando se dio el disparo de salida a este blog fue por lo que se veía venir ya hacía un tiempo. Pues bien, AQUELLO no ha dejado de avanzar e irse posicionándose. Lo que salía de las universidades y los laboratorios de informática e ingenierías varias hacía años, ahora, después de la crisis que todo lo ha remodelado para hacerlo más eficiente, ha llegado con fuerza a las consultas médicas para quedarse. En las disciplinas psi en particular. Donde se hacía psicoterapia y se dialogaba en pro de un mayor y mejor autoconocimiento, ahora se prescribirán métodos de monitorización y seguimiento a distancia. Es curioso ver a tanto psicólogo y psiquiatra cavando su propia tumba laboral. Y más curioso es leer de manos de periodistas la defensa de la subjetividad y la especificidad humana como capacidad para mantener el puesto laboral frente a las máquinas (aquí se puede leer). Benditos tiempos los que vivimos...

Decíamos que en el ámbito psi, existe una gran gama de estudios, bastantes de ellos financiados por el National Institute of Mental Health (NIMH), que pretenden extender la utilidad del GPS de los smartphones al control de la salud mental de aquellas personas diagnosticadas. Aclaramos que el NIMH es una institución yanki encargada de promover la versión más biologicista de las clasificaciones psiquiátricas, con los presupuestos filosóficos del materialismo eliminativista (la mente es el cerebro), el Research Domain Criteria (RDoC). He aquí donde  la tecnociencia se materializa. En la sinergia entre la deshumanización por la ciencia más biológicamente reduccionista (se trata a la persona desde la perspectiva molecular) y las nuevas tecnologías capaces de aportar modernas estrategias de manejo de lo humano una vez deshumanizado.

Uno de tantos productos tecnológicos al uso es el dispositivo de geolocalización que incluyen los smartphones. Permite seguir la situación geográfica y evaluar la actividad y los ritmos sueño-vigilia de pacientes diagnosticados, por el momento de depresión o trastorno bipolar (1, 2, 3). Se trata de predecir en función de sus movimientos cuándo están iniciando una crisis. La idea es la de prevenir episodios críticos sin contar con la participación activa de la persona. Porque se ha evidenciado que el requerimiento de una actividad por parte del sujeto para la introducción de datos lo único que facilita es que acabe dejando de hacerlo. Por tanto, lo tratamos como cosa, le extraemos todos los datos posibles de forma pasiva e inocua para éste y voilà, ya tenemos listos un montón de datos objetivos que correlacionar con su experiencia y su vida. Y concluir de ahí un montón de aseveraciones sobre la REALIDAD (esa de la que hablaba Agustín García Calvo) en base a probabilidades que deben ser transitadas para ser hechos y convertirse realmente en realidad.

Pero hay otros muchos cachivaches tecnológicos preparados para facilitar nuestra monitorización. De nuestra fisiología por sensores, de nuestra comunicación social por SMS o frecuencia y duración de llamadas y muchos otros más que se irán desarrollando apoyados en eso que se da en llamar el fenotipo digital. En resumen, se trata de obtener un gran rédito económico y político por medio de nuevos productos tecnológicos que a la vez que se ofertan para el mejor control de nuestra salud hacen las tareas policiales. Aquí, medicina y policía se vuelven a dar la mano como en el Foucault de los 80.

En este lugar, poco nos importa si estos métodos resultan en un objetivo como el de que los expertos psi sean capaces de pronosticar un inicio de síntomas depresivos o maníacos. Tampoco del qué sean esos llamados síntomas depresivos y maniacos. Más nos interesa el trato de las personas diagnosticadas como inconscientes de sus propios sentimientos y absolutamente extrañados de sí mismos. Hasta tal punto, que requieren de un control de geolocalización que facilite la detección de una posible crisis por venir. Una desconexión y pérdida de familiaridad con lo que uno siente, piensa, intuye, y vive en definitiva, que estas tecnologías no hacen sino acrecentar. Byung-Chul Han lo ha expuesto de manera concisa y directa en su libro 'Psicopolítica'. La descomposición del yo en datos y la creencia en la mensurabilidad y cuantificación de la vida como telón de fondo da origen a lo que denomina el 'quantified self'. Este dataísmo, a la par que registra totalmente la vida, la vacía de sentido. La acumulación de datos y medidas sobre la vida no la definen. Las correlaciones y el conocimiento meramente aditivo no generan sentido per se. Más bien crean un desconocimiento absoluto que se manifiesta en la ausencia de sentido, de concepto, de narración, de integración comprensiva. Así, llegamos a una diferencia muy reveladora que señala este filósofo. La distinción entre el cuidado-de-sí foucaultiano y la relación ética que establece uno consigo mismo, y por otro lado, el self-tracking que realiza el dataísmo contemporáneo, donde más que una práctica de libertad que permita la búsqueda de la verdad y la posibilidad de nuevas formas de vida se trata de un vaciamiento de verdad y ética para convertirse en autovigilancia. Autovigilancia que remite a un mantenimiento estadístico de la norma fijada por los bancos de datos que por su gigantesca capacidad de representación de la realidad forjan una hiriente coacción hacia la conformidad. Pero, y para no caer en derrotismos, no olvidemos que esa maquinaria es ciega al acontecimiento y, por tanto, a lo improbable y singular que puede abrir posibilidades  no contempladas... “El Big Data es ciego ante el futuro”.





miércoles, 12 de abril de 2017

Reseña al libro "Tecnología y filosofía" de M. Bunge


Si queremos conocer y entender los efectos de la tecnología sobre la vida tendremos que desgranar filosóficamente los distintos aspectos sobre los que ejerce su influencia y las diversas formas en que lo hace.

Mario Bunge en este pequeño librito escrito en 1976 trataba de hacerlo de forma escueta y clarificadora.

Definiendo antes de nada el término 'tecnología' en relación a su necesaria compatibilidad con la ciencia y el método científico (que presupone la matemática), y su uso como medio de control, transformación y creación de cosas o procesos, naturales o sociales. Y a partir de aquí, tecnologías, muchas. Y aspectos 4 centrales. El epistemológico, el ontológico, el axiológico y el ético.

Del primero, interesa resaltar que Bunge considera que el tecnólogo se fundamenta en presupuestos realistas. Un realismo crítico, que suele estar matizado por una actitud marcadamente instrumentalista o pragmatista, dice. Así nos confiesa que el tecnólogo concibe la realidad como la totalidad de recursos (naturales y humanos) y productos de deshecho y el conocimiento como medio para controlar. Si le coloca al científico eso del conocer por conocer, al tecnólogo le cuelga encima el conocer para hacer. Distinción que con el paso del tiempo parece haberse difuminado en los hechos en la medida en que hacer-producir-crear es lo único que importa en nuestra sociedad contemporánea. Esta actitud básica comporta que el tecnólogo se desinterese de porciones de realidad que no son útiles para sus fines y las termine juzgando como 'ruido'. Así, es norma que se atiendan más a teorías simples y fáciles de digerir en pro de las metas buscadas que a teorías complejas donde existen demasiadas variables interactuando que dificultan la interpretación y comprensión con orientación a los fines prácticos buscados. Termina por afirmar que el tecnólogo, más allá de guiarse por unos principios, es filosóficamente oportunista, es decir, se propone maximizar su propia eficiencia prescindiendo de cualquier lealtad filosófica.

Cuanto a la dimensión ontológica expone algunas asunciones genéricas y otras de ramas tecnológicas específicas sobre la realidad existente y la  creada. Aquí se cuestiona algunos interrogantes acerca de la naturaleza de los artefactos y los compuestos hombre-máquina creados por la tecnología en sus diversas ramas. Asimismo atribuye a la teoría general de sistemas un alcance mayor dentro de las ramas de la tecnología en tanto se ocupan de rasgos genéricos de géneros (y no ya de especies) y se enfocan en la estructura y comportamiento de un sistema (y no de la composición y el mecanismo), cosa que las dota de mayor amplitud para el control.

En lo que afecta a los valores de la tecnología, Bunge señala que el tecnólogo al dividir la realidad en recursos, artefactos y el resto, termina por considerar este resto como deshecho. Es por ello que afirma que se trata de una ontología, la tecnológica, atada a unos valores específicos. Fundamentalmente los valores de la producción, añadimos.

Para terminar, bucea en algunos aspectos éticos de la tecnología. Bunge afirma que la buena vida es inconcebible a día de hoy en ausencia de conocimiento (tanto útil como desinteresado). Pero añade que esto no ocurre con la tecnología. En tanto aplicación interesada de la ciencia y el conocimiento permite el accionar de procesos moralmente objetables por proponerse metas prácticas perversas. Y acaba escupiendo: la tecnología de la maldad es malvada. Por tanto, apela a todo el desarrollo y no sólo a las metas o fines, ejemplificándolo a través de los estudios y tecnología nazis. Propone aquí una tecnoética y una tecnopraexeología que permitan regular las acciones, los proyectos y las intenciones de los científicos y tecnólogos. Que esto no es posible en la práctica, lo sabemos a día de hoy. Aunque no quita que sigamos en el empeño.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Algunas noticias que nos llegan




El desarrollo de tecnologías en el campo de la salud no deja de ensancharse y abarcarlo todo reduciendo cualquier atisbo de humanidad a un mero click.

Hace pocos días terminaba el Mobile World Congress. Un espacio de encuentro para mercaderes y vendehumos de todo tipo donde poder ver las últimas baratijas que las empresas y los emprendedores nos ofertan para hacer de nuestras vidas algo extraño.

En el ámbito local de la emprendiduría en salud, se presentaba HealthApp, una start-up que pretende desarrollar aplicaciones médicas a partir de las ideas que les suministremos. Con una puesta en escena de lo más ridícula, con el único afán de volverse llamativo entre tanta competencia, mostraban la TCApp, una aplicación que ofrece un mejor y más efectivo control y monitorización de las conductas y emociones en personas con 'trastornos de la alimentación'. Su baza, la diversión que nos prometen para conseguirlo. Y es que puedes conseguir premios y recompensas haciéndolo. Está claro que fueron los más divertidos como reza su eslogan principal '¡Aportamos diversión a las terapias!'. 

Por otro lado, hemos conocido también la App Medvisit orientada a conseguir un médico allí donde estés de forma inmediata y no sabemos aún si por un módico precio. Lo que llama la atención de su anuncio, como sucede a menudo con estas aplicaciones, es la estética infantil y las muecas sonrientes de esos dibujos redondeados que tienen que emanar bondad, accesibilidad sin límites y diversión. Todos sabemos lo divertido que es enfermar, y mucho más de viaje...

Otra cuestión que ha llegado a nuestras manos es la noción de 'fenotipo digital' desde el ámbito de la salud mental. En resumidas cuentas se trataría del uso del registro de la actividad virtual de una persona para componer un perfil psicológico que permitiese interpretar los malestares de esa persona y tratarlos en base a ello. Es claro el uso mercantil (aunque se vista de terapéutico) de nuestra actividad frente al ordenador cuando estamos en las redes sociales. Seguro que hablaremos más de ello en el futuro. Concepto muy goloso que no deja de acoger el histórico afán categorizador de las ciencias psi, ya fuese por medio de marcas físicas en la frenología, de escalas y test psicológicos o pruebas de imagen cerebrales como las resonancias magnéticas o las tomografias por emisión de positrones.

Y finalmente hemos tenido ocasión de leer el artículo de TheEconomist y entender algunas cosas que pasan y otras que van a pasar. Entendemos que el futuro de los tratamientos en salud pasa por los dispositivos de salud digital. Y que tres son los grupos que luchan por controlar la cadena de valor. Los 'innovadores tradicionales' (farmacéuticas, compañías hospitalarias y de tecnología médica), los 'jugadores implicados' (seguros de salud, gestores de farmacia, sistemas de salud como NHS) y los nuevos que irrumpen en tecnología (Google, Amazon, Apple, emprendedores varios). Estos últimos lo que pueden vender es el ahorro económico mediante un control más eficiente y racional de los gastos. Además los datos recogidos mediante sensores, redes sociales y secuenciación genética pueden dar un mejor insight de la eficacia de los tratamientos. Y aquí pierden las empresas tradicionales frente a las innovadoras. Porque más datos darán lugar a nuevos servicios que impliquen no tomar fármacos de ninguna de las maneras. Y es que muchas aplicaciones se centran en el autocuidado personal mediante el registro de lo que hacemos, la monitorización dinámica de ello, los consejos y recomendaciones de lo que hacer para no enfermar y las gratificaciones por hacerlo. Un pack completo que termina por convertir en obsesivo de la salud al que aún ni ha enfermado.

A nuestro entender podemos afirmar que una vez reducido todo el pensamiento clínico y la semiología médica a una cuestión fundamentalmente analítica, sólo queda protocolizarlo y maquinizarlo para extenderlo masivamente y sacar una buena tajada de ello. Nada muy novedoso en el mundo capitalista que habitamos. Sin embargo, desde esta perspectiva algo se pierde por el camino. Y ese algo sólo puede entonces concebirse como información sobrante y no relevante, puesto que ha escapado al proceso analítico. Y así, cuando la cosa no marche, será por errores de causa desconocida, y nunca más conocida puesto que esa información 'irrelevante' ya estará perdida para siempre, no registrada. Un ejemplo análogo podemos verlo cuando se habla de resistencias en los trastornos psiquiátricos. Cuando el paciente 'no responde' a un tratamiento es porque su cerebro no responde, no porque puede haber otras posibilidades interpretativas del mismo conjunto de fenómenos y, por ende, otras formas de aproximarse terapeuticamente a lo mismo. ¿Cómo va a hacerse esto, si sólo se entiende el problema desde unos presupuestos biológicos? O como cuando el psicoanálisis más obtuso interpreta como resistencia cualquier posición del sujeto tratado que no se adecua a su encuadre teórico y práctico.

En definitiva, la protocolización y la maquinización masiva de la medicina va a traer nuevos problemas que no se quieren tener en cuenta simplemente porque vivimos bajo la dictadura de la mercancía. Y cuestionarlo supone retraso en su aplicación y retraso en los beneficios. Así es que se impondrán las nuevas formas y luego ya veremos con qué baratija nueva lo arreglamos. Y mientras tanto, la deshumanización, el extrañamiento y el vacío del ser humano.


miércoles, 18 de enero de 2017

El nuevo asalto a la salud mental: la realidad virtual




Durante los últimos años estamos viendo como se señalan acusadora e insisitentemente los límites de la psicofarmacología y los usos y abusos que de ella se hacen, que buena falta hacía. Basta con echar una ojeada a los libros especializados publicados al respecto, los grupos y colectivos que tratan el tema, y los blogs, webs y redes sociales que abordan la cuestión. Toda esta actividad crítica y reflexiva se traslada, como debe ser, al seno de la actividad psiquiátrica y promueve cambios al respecto. Si bien esto es positivo porque nutre los abordajes profesionales y las teorías de realidades personales y experiencias subjetivas (y de eso va buena parte del oficio), no hay que dejar de lado las derivas mercantilistas que se ocasionan y que promueven algunos especialistas espabilados.

Si la crisis económica iniciada en 2008 cambió algo fue que se reestructuraron las relaciones laborales en el seno de empresas e instituciones, la organización económica y los procesos productivos y de consumo. En la psiquiatría pública eso implicó, entre otras muchas cosas, un cuestionamiento del gigantesco gasto farmacéutico. Y así se inició la campaña mediática de sobremedicación que existe en los mass-media, el acoso a los trabajadores sanitarios con indicadores de farmacia, y la proliferación de otras estrategias terapéuticas, muchas de las cuales son también muy cuestionables y muy a la moda postmoderna (mucho efectismo inicial y poca consistencia en el tiempo). Pero la máquina económica no se para sino que se reconvierte y se engrasa para funcionar más y mejor. Y así llega a nuestro campo la maquinización de las terapias y las relaciones terapéuticas. Terapias online, aplicaciones para móvil, sensores de control comportamental, imaginería cerebral, etc, a cada cual con más dudoso valor terapéutico añadido. Pero eso sí, mucho valor económico añadido. Y es que la tecnología es el sector económico más importante para los países llamados 'avanzados'. Y de eso va el tema. De realidad virtual para tratar el TDAH (es el caso del H. Vall d'Hebron de Barcelona). También para otros diagnósticos como fobias varias entre las que cuentan entrar en una máquina de resonancia magnética o fobias a las agujas (en el caso del H. del Mar en Barcelona).

La cuestión concreta del diagnóstico del TDAH tiene larga historia de confrontación de perspectivas. Trastorno que se inventa en los 80 y que se incrementa de forma exponencial hasta nuestros días, pasa por ser un trastorno cerebral medicable (con anfetaminas, de esas que no teniendo ningún TDAH ya tomaban algunos durante la carrera para estudiar mejor). Obviando la complejidad del desarrollo de los niños y sus relaciones con el entorno, la familia, sus pares, se redujeron trastornos del comportamiento y la adaptación escolar requerida a problemas cerebrales. Pero lo alarmante es el proceso de publicitación del diagnóstico que se hizo con fines netamente mercantilistas. La estrategia de 'disease mongering' ( algo así como 'generación de enfermedad') con respecto al TDAH está bien documentada (PLOS Medicine, 2006), y pasa por la instrumentalización de familiares y escuelas para escrutar, detectar e intervenir en niños, corrupción de  especialistas para su promoción*, creación de escalas diagnósticas y entrevistas estructuradas orientadas al diagnóstico, y un marketing agresivo orientado a la medicalización de los niños desadaptados y la culpabilización de los que se niegan a 'cuidar' a sus hijos de esta forma. Posteriormente la semilla crece y se extiende también a los adultos y no deja de abarcar a cada vez más gente.

La confrontación de posición respecto a la inteligibilidad del TDAH también llegó al 'oasis catalán' donde el 'seny' (ponderación, sensatez) lleva a callarse las discrepancias para no cambiar nada de lo que la máquina impone. Pero con este tema cambió. Y aunque propugnando un consenso, se hizo un manifiesto público y colectivo criticando el diseño y la voluntad de implementación de un protocolo para el manejo del TDAH (**).

Pues bien, ante tanta crítica de sectores que consideran un crimen la medicalización de los niños en base a un diagnóstico con escasa validez y fiabilidad (las tasas de prevalencia en Catalunya varían hasta un 50% entre centros con distintas aproximaciones) y la descontextualización sociofamiliar y económica de éste, se inició el reajuste de la aproximación más reduccionista. Un reajuste no de la base sino de medios para seguir con los mismo fines. Y de ahí la aparición de la realidad virtual para evaluar y tratar a los dignosticados. Y así un paso más para el progreso y el desarrollo económico.

Lo que podemos ver en la actualidad es la propaganda desplegada, por un lado con el fin de generar valor para el propio hospital en la carrera competitiva en que se ha hecho entrar a las instituciones sanitarias, y por otro que es una valorización mediada por un dispositivo tecnológico. ¿Y por qué tecnológico? Porque farmacológico ya está demasiado criticado y se conocen sus límites, no rendirá tanto. Porque un aparato técnico como unas gafas de realidad virtual son 'amigables' (de eso ya se ha encargado toda la industria del ocio tecnológico) y por tanto mucho más aceptables que una droga. Porque se plantean como terapias 'inocuas' (si no te hacen bien, mal no te harán; eso sólo pasaba con los psicofármacos). Porque la tecnología, además de inocua, tiene a su favor su apariencia de 'objetiva', de 'infalible', puesto que no interpreta directamente (eso ya lo hará el clínico de turno). Porque la industria de la alta tecnología es motor económico de los países 'avanzados', así que su introducción por aplicaciones fomenta su desarrollo, y con ello, puestos de trabajo de alta capacitación, que es lo que interesa políticamente.

Pero, en fin, todas esas características que se le atribuyen a los medios técnicos en detrimento de los medios humanos son puras quimeras. De inocuidad nada de nada. Sabemos que cualquier intervención tiene implicaciones en el sujeto que las reciba. Otra cosa es la medición y cuantificación de ese cambio operado. ¿O es que esa persona no interpreta lo que experimenta?¿no categoriza e integra interpretativamente lo que se le explica? ¿no actúa en su vida y decide cuestiones diversas basándose en esas asunciones o creencias?. Y, ¿a qué objetividad se apela, si cualquier beneficio supuesto que esa máquina consiga debe interpretarlo al menos ese sujeto y el clínico de turno?. Por lo demás, decir que esa amigabilidad se ha impuesto a base de destruir machaconamente la sociabilidad humana y de atacar las vulnerabilidades más íntimas humanas promoviendo y facilitando el individualismo en pro del beneficio político-económico.

Pero la pregunta de moda, la que interesa verdaderamente en nuestra sociedad, la capitalista, es la que se refiere al coste-eficacia para averiguar si es factible su implementación masiva. Ahora bien, si lo es ¿para qué y para quién?. Si tomamos como beneficiado la sociedad capitalista como abstracción no hay dudas. La respuesta es sí. Creada la diferencia, naturalizado el defecto, medicalizado el síntoma, se perpetúa ese desarrollo en la línea de producir nuevos medios para su aparente mejora/curación. Ese proceso es la valorización necesaria del capital. Absolutamente imprescindible para el mantenimiento del sistema capitalista. Si, por el contrario, tomamos a las personas diagnosticadas y a las personas por diagnosticar (cada vez más, precisamente por esa necesidad de valorización), no parecen apreciarse muchos beneficios. Probablemente algunos pasen por sentirse cuidados, por ser desresponsabilizados de sus propios comportamientos, por ser etiquetados y singularizados (habría que ver cuanto de narcisismo en sentido amplio hay en una sociedad que ya ha sido definida sociológicamente como 'cultura del narcisismo') y beneficiarse de ello. Pero, por otro lado, se está asumiendo un 'defecto' y por ello, una dependencia de expertos en nosotros mismos. Desfamiliarizados de nosotros mismos y defectuosos para esta sociedad industrial que exige el máximo rendimiento de cada uno de nosotros, y por tanto con el que siempre estamos en deuda, tendremos que aprender a vivir con la perpetua depresión expresada de mil maneras distintas. Es la era de la psicopolítica.

Si en unos meses o unos años, tras algunos estudios, se ve que la realidad virtual no es un medio eficiente, no habrá problema alguno. El beneficio buscado ya se habrá logrado. Marketing institucional, promoción curricular y beneficios económicos para algunos espabilados ya se habrán generado. La cuestión será quién los habrá pagado, económicamente y en sus propias carnes. Lo primero, como hospital público, lo habremos pagado todos, y el beneficio lo habrán recogido, entre otros, la empresa catalana Psious y sus inversores, entre ellos La Caixa por ejemplo, o esos personajes de la psiquiatría que crean 'chiringuitos' especializados en la pública, para luego lucrarse por la privada. Lo segundo, aquellos rezagados del actual modo de vida, y en último término, en uno u otro momento de la vida, todos nosotros.

En resumen, esta nueva inclusión de la realidad virtual como medio terapéutico para el TDAH responde claramente más a la necesidad económica del sistema social actual que a la necesidad de las personas etiquetadas con un diagnóstico que muchos consideran quimérico y configurado socialmente de forma política y económicamente interesada.

No es casual que el medio sea tecnológico y no farmacológico. El auge de las empresas tecnológicas como motor del sistema económico de los países avanzados es conocido por todos. Sus beneficios pasan por la implementación continua e imparable de sistemas tecnológicos en todos los ámbitos. La salud mental es un ámbito propicio en tanto se enfoca en un objeto  inmaterial, la mente (la voluntad, los pensamientos, los sentimientos...). Y puesto que no hay referentes materiales específicos (decir el funcionamiento y las estructuras cerebrales es algo muy poco concreto) parece que cualquier cosa que se venda merezca ser comprada en pro de una innovación y un progreso hacia no se sabe dónde.



* El catedrático de psiquiatría por la UAB, y antiguo Jefe del Servicio de Psiquiatría del H. Vall d'Hebron, Miquel Casas i Brugué, afirmaba que los infractores al volante eran en su mayoría personas con un probable diagnóstico de TDAH no detectado. Actualmente está vinculado a una start up dedicada a la atención de niños con problemas académicos en escuelas. Seguramente haciendo nuevos clientes. Nadie ha hecho tanto por la psiquiatría más chata y nociva como este personaje, que recientemente visitaba al mismísimo Papa Francisco...

** 'Para un consenso clínico del TDAH'. En: https://app.box.com/s/tujfhu3axx98p54ummwgna8m5gnkbh99 .

martes, 1 de noviembre de 2016

Biotecnologías y eugenesia: una perspectiva ética.


Aquí os dejamos el acto que se realizará el martes 15 de noviembre a las 19:30 h. en el Institut d'Estudis Catalans en Barcelona (C/Carme, 47) en el marco del 'festival filosófico' Barcelona Pensa.



'La nueva genómica y otras técnicas biológicas obligan a reflexionar sobre los límites de la biotecnología aplicada a los seres humanos. El año 2001 Jürgen Habermas publicó El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal?, una obra que generó un gran impacto, abriendo debate multidisplinar que todavía continúa. En esta conversación, retomaremos este debate desde su vertiente ética, tomando la eugenesia como un hilo conductor de nuestras reflexiones.'

viernes, 14 de octubre de 2016

Mercadillo psi de Apps. Reseña de la jornada "Nuevas tecnologías aplicadas a la Salud Mental"



El 5 de octubre se realizó la jornada con el título 'Nuevas tecnologías aplicadas a la Salud Mental', en el marco del ciclo de conferencies “Nuevos retos en Salud Mental y Adicciones” que organiza el Instituto de Neuropsiquiatria y Adicciones del Hospital del Mar.

Allí se habló de eHEALTH o 'salud digital', y de la aplicación de estas nuevas tecnologías en su trato con las personas usuarias de la red de salud mental.

Tras la presentación del director del INAD, Víctor Pérez-Solà y el representante del Ayuntamiento, inició su monólogo el psicólogo F. Colom contratado recientemente por esta empresa para promover la investigación en determinadas áreas. Éste se dedicó básicamente a vender la necesidad de extender la mano de los terapeutas hasta abarcar cualquier lugar por remoto que sea. Y claro está que para eso, nada mejor que las nuevas tecnologías. Donde antes se hacía una terapia individual, ya no sólo se puede hacer un grupo terapéutico, sino que además se puede dar una terapia online donde sea y cuando sea... Ese fue el previo para luego poder hacer una alabanza absolutamente desmedida de la necesidad de innovación (claro está, en relación directa con su contrato de trabajo y su posición en la empresa). ¡Innovación porque es progreso!¡innovación porque es ser ético con el paciente!¡innovación para avanzar!¡para financiarnos solos y para abaratar costes y para ganar a la competencia y...! Y es que, antes de nada, ya había certificado la muerte de las psicoterapias.

Le tocó el turno a Jordi Martínez, el director de innovación de la Fundación TicSalut, organismo que pertenece al Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya. Éste trazó las líneas del futuro que viene (ver aquí la presentación).  Entre diapositivas mucho más vistosas que las del resto (es de innovación, !¿qué os pensabais?!), apuntó un futuro centrado en las 4 pes: predicción, prevención, personalización y participación. Medicina 4P le llaman. La cuestión ya no es el contenido, sino los medios. El internet de las cosas, la interconexión de bases de datos, Big Data, Apps a doquier. ¿para qué queremos lugares físicos de visita en un mundo digitalizado? Si además se posibilita la prescripción online mediante aplicativos. Y lo mismo con las prescripciones no farmacológicas. Mucho mejor aplicativos de prescripciones genéricas para diagnósticos, que para personas diagnosticadas. Se prescribe como una receta electrónica y el paciente solo tiene que hacer lo que le digan (recomienden, prescriban o manden, hay diferencias...). Que estás gordo, ¡cuídate, controla tu dieta, haz ejercicio! Que tienes una esquizofrenia, ¡no discutas, no fumes porros, apúntate al gimnasio! Sarcasmo sí, exageración alguna, pero es que lo extremado se acerca hoy día más a lo futuro. Ya lo decía Günther Anders. Siguiendo. Esas aplicaciones tecnológicas a prescribir electrónicamente las evaluaría y acreditaría el propio organismo para asegurar su validez y certificar su eficacia. Y éstas, estarían en un 'escaparate' virtual para ser accesibles al prescriptor de turno. A día de hoy ya se hacen pruebas piloto en atención primaria que implican este tipo de prescripciones. Para acabar, recomendó a los presentes no perder de vista el modelo de negocio que se quiere cuando uno inicia su travesía de emprendedor. Más que nada tener en cuenta un negocio que se sostenga por sí mismo sin necesidad de dinero externo (del erario público o no). Y como muestra de líneas de interés nombró el proyecto 'Momentum', una red europea que aglutina a modo de pupurri interesado a instituciones de la salud, agentes de la telemedicina, gerentes, seguros de salud, pagadores varios, pacientes (debe ser participativa...), entre otros, que se dedican a la extensión de las nuevas tecnologías en medicina. Como bibliografía de cabecera del Departament dejó este dossier que linko para el que tenga interés en su lectura.

Para acabar la primera parte de la jornada escuchamos a Joima Panisello, médico que representaba los intereses privados de la plataforma digital de salud, Medtep. El interés de la empresa que representa es el de extender todo lo que tenga que ver con el registro de datos y la gestión de esa información y de los sistemas de información. Para ello veía imprescindible la integración de todos los datos de los individuos no sólo médicos sino sociales. Y es que como informaban en la página Negre i Verd se está preparando en Catalunya la historia social única, o como decían allí 'un fichero de pobres'. De todas formas, para Panisello y los intereses que representaba en la jornada, esa integración masiva de datos personales permitiría algo deseable para las mentes adictas al control y la seguridad, a saber, la estratificación de cada persona incluida en los archivos y una actuación pertinente y protocololizada en determinadas situaciones. En esa línea existe ya en Catalunya el proyecto PCC i MACA (Pacient Crònic Complex i amb Malaltia Crònica Avançada)  que básicamente estratifica población enferma grave y crónica según algunos factores diversos y decide qué se hace en situaciones concretas, fundamentalmente con el fondo del gasto económico que ocasiona cada actuación. Y como no, también realizó un elogio de las nuevas tecnologías por aportarnos inmediatez en la atención y continuidad las 24 horas del día (cosa que las personas no van a hacer nunca; que limitados son los humanos...). Sin embargo, para que las nuevas tecnologías puedan introducirse de manera fluida en nuestra vidas hay que cambiar la cultura, como planteaba el anterior ponente. O como bosquejaba Panisello hacerlo por medio de los clínicos, garantes de la confianza que da la sabiduría científica. Y es que como certificó: 'el cambio no va de tecnologías, sino de personas'. Ahora queda que los clínicos se lo crean. A buen seguro que muchos lo harán, más bien la cosa radica en que nos les cree más problemas en su trabajo diario que soluciones.

Después de la parte más ideológica y publicitaria le tocó el turno a aquellos que lo llevan a la práctica para beneplácito de sus mecenas. Se vendieron las bondades de Apps del ámbito de salud mental de todo tipo. Resumiendo. Una app para personas diagnosticadas de trastorno bipolar para automonitorizarse el estado de ánimo, energía, horas de sueño, etc, y recibir psicoeducación (SIMPLe Project); otra para tardar menos en hacer una exploración psiquiátrica (PsicoApp); el tratamiento de fobias varias (incluido hablar un público...) con gafas de realidad virtual o aumentada; otra app para móvil que permite registrar experiencias a modo de diario, identificar desencadenantes de conductas problemáticas en personas diagnosticadas de Trastorno límite de personalidad, y que además dispone de posibilidad de geolocalización (planteado como útil por si presenta conductas suicidas o parasuicidas); otra que permite registrar y monitorizar la actividad física, social y el estado fisiológico en personas diagnosticadas de 'esquizofrenia resistente al tratamiento', además de adoctrinarlas y predecir si colaborará en el tratamiento mediante sus actitude; y un aplicativo online de apoyo psicológico en personas con depresión leve o moderada ya comentado aquí anteriormente (ifightdepression). Hubo más, pero poco reseñable.

Aquí acaba la reseña de una jornada que muestra bien a las claras el horizonte sanitario que depara a quien acabe como usuario o como trabajador en la red pública de salud mental. Pública, pero concertada con empresas. Empresas no sólo del ámbito de la gestión de la asistencia, sino también dedicada a vender sus productos tecnológicos. Productos tecnológicos que no se construyen sólo en los laboratorios o en las fábricas, sino en los despachos de los centros de asistencia de la red pública de salud. Aquellas personas que presentaron las Apps son las mismas que atienden a diario. Lo que pasa es que ahora también hay que vender motos (aunque algunos llevan mucho tiempo haciéndolo...). La moda que se lleva son las 'spin-offs' (salpicaduras). Proyectos nacidos como extensión de otro anterior. Empresas nacidas de otras para convertirse en otra empresa por sí misma. Esto es lo que hay en 'nuestra' sanidad catalana. Productividad, autofinanciamiento, competitividad, emprendiduría. ¿Y el paciente? ¡Que arrime el hombro, como todos! Esto es lo que hay en nuestros hospitales. ¿Más ejemplos? Aquí otro. Los hay por doquier. Leed las noticias y veréis.

martes, 27 de septiembre de 2016

Reseña al libro 'Los filósofos contemporáneos y la técnica' (JM Esquirol)


'La técnica, en cuanto facilita a los humanos el metabolismo con la naturaleza, es necesaria. La herramienta ha creado al hombre. Pero cuando se vuelve discurso del poder -tecnología- se convierte en una amenaza para la supervivencia de la especie.'
Miquel Amorós. Filosofia en el tocador.




La reflexión acerca de la técnica y las tecnologías es una constante a través de la Historia. Con su libro 'Los filósofos contemporáneos y la técnica', Josep M. Esquirol nos acerca al pensamiento de varios filósofos del siglo XX que han tematizado y profundizado en algunas cuestiones de la técnica.

Ortega y Gasset, partiendo de la concepción del hombre como un ser ya técnico en base al extrañamiento respecto al mundo que habita, se cuestiona la diferencia entre las necesidades básicas que la técnica ayuda a cubrir y las necesidades superfluas que se orientan al bienestar. Éstas podrían ahorrarnos tanto esfuerzo que dejamos de crear, de ser proyecto, de construir, de imaginar y de desear. Como dice Miquel Amorós en 'Filosofía en el tocador', el ser humano ha delegado en las máquinas hasta la reflexión y ha pasado a ser un autómata. Pero la vida se nos da inherentemente como problema y ese ahorro nos conduce a la deshumanización, a dejar de ser lo que somos en esencia, proyecto, deseo, acción. Interesa decir que al analizar las diferencias entre las técnicas anteriores (técnica del azar y técnica del artesano) y las modernas (técnica de los técnicos), Ortega caracteriza las actuales en base a su análisis y descomposición de la naturaleza, y desde aquí se permite afirmar que existe una desproporción entre la medicina del cuerpo y la del espíritu.

Por su parte, Heidegger señalará que la técnica es un modo del desocultar, del hacer aparecer las cosas. Y la técnica moderna las hace aparecer de una determinada forma, en la forma de la provocación. Para resumir, quiere decir que la técnica moderna emplaza a la Naturaleza a suministrarnos energía que puede ser extraída y almacenada. Es una manera de ver y de relacionarse con la Naturaleza diferente. La técnica moderna concibe la Naturaleza como recursos que se pueden y deben calcular, analizar, extraer y almacenar. Se explotan así los recursos naturales. Entendemos que lo mismo ocurrirá con el cuerpo humano como cosa disponible, analizable, calculable, almacenable. La medicina como técnica moderna que es, se posicionará ante el ser humano de tal forma. Y eso comportará unas consecuencias que forman parte de nuestro quehacer. Sin embargo, el filósofo alemán nos dará algunas pistas para reencontrarnos a nosotros mismos en la relación con el mundo que habitamos. Algo así como la cercanía por medio del lenguaje, del arte, de la serenidad, que nos devuelva a nuestro habitar no mediado por el 'pensar' representativo.

Siguiendo la estela de Heidegger, Jan Patocka concibe a los hombres de la época de la disponibilidad técnica como recursos disponibles que gastar en guerras. Pero allá donde crece el peligro, crece lo que le salva, nos dice. En las guerras el hombre puede transformar la situación, puede emerger el sentido, lo que llama 'sacrificio auténtico' y que asume la propia existencia, la vida en su problematicidad, la vida al descubierto que muestra su carácter fundamentalmente político. Ese hombre espiritual, que nace de la situación de conflicto, puede contribuir a una 'solidaridad entre los conmovidos', a una búsqueda de sentido, que cierre las puertas a la alienación política como absolutización de un sentido impersonal, frío y universal impuesto.

Hannah Arendt, por su parte, señala algunas cuestiones a tener muy en cuenta respecto a la técnica. Por un lado la técnica contribuye a la creación del mundo de objetos duraderos que nos acompaña, y de esta forma contribuye a la constitución de nuestra identidad. Su reverso sería la borrosidad de la identidad en las sociedades de la modernidad tardía por la volatilidad de ese mundo objetual. Y por otro lado, alerta de la omnipotencia de la tecnociencia, que pretende superar nuestra condición de seres condicionados intrínsecamente y en ese movimiento se acerca al totalitarismo, basado en la ficción de que todo es posible. Se perdería de esta forma lo común (el sentido común y el mundo) y se pretendería ganar un universalismo vacío y exento de toda particularidad y espontaneidad, hecho que nos acerca al totalitarismo.
También señala la dimensión liberadora de la acción humana, en tanto crea algo nuevo, y desde ahí la distingue de la violencia que es muda (que no tiene que ver con el discurso) y tiene carácter instrumental. En base a la instrumentalización distinguirá entre poder (no la tiene) y dominio, control o gobierno, que sí la tiene.

Hans Jonas afirma que la técnica actual es más un proceso dinámico que un estado de posesión como era en el pasado. Esto comporta una convicción de progreso indefinido. Jonas alerta especialmente de la irreversibilidad de los efectos de la técnica actual, puesto que ésta ya no se limita a lo inmediato en el tiempo y lo cercano en el espacio, sino que se extiende tanto espacial como temporalmente y ello tendrá implicaciones en el mundo que dejamos. La naturaleza se vuelve vulnerable por primera vez. Como nada es 'remoto' y todo es posible, plantea que la prudencia por nuestro propio poder es lo que debe regir nuestras acciones. Uno de los puntos más interesantes de Jonas es que coloca la ética como fundamento ontológico directo del ser humano, es decir, el deber ya está en el ser, ya estamos afectados, interpelados, por el valor de las cosas. A esto le llama sentimiento de responsabilidad.


Jaques Ellul se centra en la noción de sistema técnico (equiparable a sistema tecnocientífico o tecnociencia) para describir la introducción de la ciencia como medio en el que habita el hombre. Vivimos en una sociedad técnica. Esa tecnificación implica una homogeneización y sobre todo una cierta abstracción que conlleva una pérdida de profundidad al tomarse unos aspectos y no otros de las cosas. La sociedad técnica está hecha de hombres y sistemas técnicos, y entre éstos se producen desajustes y tensiones, que son precisamente los espacios de libertad e imprevisibilidad. Ellul caracteriza los sistemas técnicos por ser una red de interrelaciones dinámicas que se componen de elementos que se combinan más entre ellos que con factores externos, que pueden entrar en relación con otros sistemas técnicos y que tienen estructuras de feed-back. Así, para caracterizar los sistemas técnicos distingue entre los rasgos más propios del fenómenos técnico (autonomía, unidad, universalidad y totalización) y del progreso técnico (autocrecimiento, automatismo, ausencia de finalidad y aceleración).

Autonomía: Él mismo se regula y acaba imponiendo sus propias exigencias. Se convierte la técnica en sacrílega (no adora nada y desencanta todo) y sagrada (sustituyendo toda divinidad que destruye se pone en su lugar). En la política, se traslada como asesoría tecnocrática. La técnica es en sí supresión de límites. Nada es imposible ni prohibido.

Unidad: Sus componentes son iguales en todas partes y ningún problema irresoluble se dará en sus combinaciones e interconexiones.

Universalidad: El sistema tiende a extenderse, a propagarse, a universalizarse en dos planos, en los ámbitos de la vida y geográficamente (globalización) En lo que respecto a ámbitos de la vida se produce una mutación psíquica e ideológica, se produce una nueva subjetividad. 'La técnica lleva con ella para todos maneras de ser, de pensar, de vivir'. La universalidad de los sistemas técnicos conlleva también la universalidad de la organización política, y por tanto, la desaparición de la diferencia entre capitalismo y comunismo o cualquier otra.

Totalización: Tendencia del fenómeno técnico a cerrarse sobre sí mismo después de haber fagocitado todo lo que ha podido. Algo parecido a un sistema metafísico que todo lo incluya y todo lo explique. Toda explicación remitirá al fenómeno técnico.

Autocrecimiento: Todo pasa como si el sistema creciese en virtud de una fuerza interna, intrínseca y sin intervención decisiva del hombre. Los actos humanos se incluyen en ese engranaje. Lo más importante es el crecimiento (I+D). Comporta un progreso sin fin.

Automatismo: Esto tiene dos consecuencias graves: que todo lo posible/factible se hará realidad, se realizará, e implica a su vez un imperativo de adaptación del hombre y la sociedad (asociado a los discursos de 'prepararse para el futuro', 'no perder el tren'...).

Ausencia de finalidad: La técnica no es un medio para nuestros fines, sino que es un fin en sí mismo y se desarrolla sin un sentido aparente. Se desarrolla porque se desarrolla. Tiene una lógica causal. Por tanto, si se quiere intervenir sobre el sistema no se puede hacer a nivel de finalidades o de sentido (de discurso).

Aceleración: Esta característica comporta que el futuro sea cada vez más imprevisible, más difícil de prever. A pesar de la plasticidad de lo humano, conlleva problemas de tipo social, psicológico, político, etc.

Por otro lado, Ellul alude a la integración del humano en la sociedad técnica como un universum. Estamos insertados en el universo técnico y ello implica ni siquiera ser consciente de estarlo. Nuestra mirada está ya mediatizada por ese universo en el que habitamos. Se ha creado el 'hombre visual' para la técnica. Se crean subjetividades nuevas. 'Hombre visual' porque es la vista la que es del orden de la realidad, la imprescindible para aprender el mundo. Sería la palabra la que podría dar sentido a lo que vemos. Como esta se pierde, topamos con el absurdo y el sinsentido. La perfecta integración en el sistema técnico sería la de un hombre adaptado al funcionamiento, fascinado por la creciente facilidad de la vida y divertido y evadido en el reino de las imágenes.
Ellul también se refiere expresamente a la propaganda ideológica sobre la técnica (bluff). Distingue técnica y tecnología, en tanto la segunda se refiere al discurso sobre la técnica.
Por último, cuando habla del feed-back del sistema técnico, alude a la ciencia como feed-back positivo, puesto que no hay ciencia sin desarrollo tecnológico. Se da una circularidad entre ambas. Como feed-back negativo señala a la economía por la financiación que supone. En toda esta regulación, el hombre no pinta nada, sino que es sujeto pasivo, un simple intermediario.
Es interesante la afirmación de Ellul acerca del papel de la tecnificación del lenguaje como agresión a la capacidad simbólica del hombre, que por otro lado, no deja de ser una forma de situarse, de orientarse y de manejar el mundo. El sistema técnico termina convirtiéndose en un sistema simbólico en sí mismo, prescindiendo de la capacidad simbólica del hombre. La información se torna operativa y funcional, cada vez más lejos de lo simbólico y reflexivo. La formación de los niños está dominada por la información, y no por la cultura.
Ellul plantea salida a este universo no sumándose a lo evidente, manteniendo las negativas a las exigencias, manteniendo la libertad de decir no. La resistencia también lo es a la fascinación del bluff. Resistirse ante una sociedad técnica que homogeneiza todo, es conformar lo totalmente Otro, lo no integrable, lo trascendente. Eso es resistir la dominación.

Jürgen Habermas, partiendo de la distinción en sentido aristotélico entre praxis (referida a la política y ética y que trata con sujetos) y poiesis (referida a la técnica aplicada y que trata con objetos), distingue entre dos tipos de acción humana con una racionalidad distinta: la orientada a fines y la orientada al entendimiento vía comunicación. Tal diferencia sería equiparable a la distinción técnica y práctica o trabajo e interacción. No obstante, la distinción no es tan limpia y coloca a la acción estratégica como intermedia entre ambas. Por otro lado, Habermas conceptualiza a la técnica como ideología, en el sentido de falsa conciencia de la realidad o más bien de realidad ideológica, generada por la falsa conciencia. La filosofía será la herramienta de crítica de la ideología, y por tanto de las nuevas categorías ideológicas, la ciencia y la técnica. La racionalidad científico-tecnológica se rige por una lógica distinta de la lógica de los problemas prácticos, y su aplicación forzada a éstos provoca decisionismo e irracionalidad. Bajo la racionalidad científico-tecnológica la razón ha dejado de ser emancipadora (ideal de la Ilustración), para tener una función de progreso y control social. Del saber científico no se esperan recomendaciones respecto a cuestiones prácticas, sino que sólo se obtienen instrucciones respecto a 'procesos objetivos u objetivados'. Habermas plantea la recuperación de la racionalidad práctica y de la acción para retomar el ideal emancipador de la Ilustración. Para él, esa desviación se debe originalmente a la ruptura entre praxis y teoría. Se pierde la conexión del saber con la vida. Para retomarlo, el elemento central será el lenguaje. Y es que, como afirma Marcuse, vivimos una racionalidad que ya es dominio, una sociedad totalitaria de base racional, que a través del lenguaje experto tecnicista ha colonizado y erosionado el lenguaje cotidiano y el interés práctico adyacente a él. La propia racionalidad hace una función ideológica (esto es, la dialéctica de la ilustración). La ciencia y la técnica como ideología hacen que la distinción entre trabajo (acción instrumental) e interacción (acción comunicativa) pasen a un segundo plano o se borren incluso de nuestra conciencia. Eso comporta que en lugar de un espacio para poder tratar cuestiones prácticas relacionadas con lo que queremos hacer con nuestras vidas haya sólo cuestiones técnicas, relativas a cómo hacer que las cosas funcionen mejor (cuestiones que obviamente corresponden a expertos técnicos).
Por otro lado, Habermas cuestiona la intervención técnica sobre la naturaleza humana. El paso del homo faber al homo fabricatus tiene unas implicaciones, en primer lugar, en relación a la propia forma de comprenderse con uno mismo. Contemplar la descendencia como una dotación genética moldeable para diseñar según su parecer, afecta a los fundamentos somáticos de la auto-relación espontanea y de libertad ética de otra persona. Esto sólo ocurría con las cosas, no con las personas. Desde este punto, afirma que se borra cada vez más la diferencia entre eugenesia positiva (perfeccionadora) y la negativa (terapéutica). Emerge un modelo de eugenesia liberal que, en virtud de los intereses mercantiles implicados, desplaza las decisiones eugenésicas a la elección individual de los padres, como si fueran clientes. Esto tiene implicaciones psicológicas, legales y morales. Saber que uno ha sido programado restringe la configuración autónoma de la vida y afecta a la simetría entre personas libres e iguales. Para poder ser individuos libres autónomos se debe mantener una cierta medida de contingencia o naturalidad que permita la imprevisibilidad. Algo que Arendt sitúa en la categoría de nacimiento, el recién nacido provoca algo nuevo en el mundo, es un quién imprevisible. De otra forma se difumina la diferencia entre lo hecho y lo crecido, entre educación y eugenesia. No permite al individuo situarse revisoriamente, a posteriori, ante lo que se le ha impuesto. Limita la libertad ética. Por tanto, defiende la idea de persona nacida, no hecha, como condición de libertad e igualdad comunicativa.


Por su parte, Peter Sloterdijk, nos plantea un panorama post-humanista, en el sentido que el método de las letras y la ilustración para el amansamiento y domesticación de los humanos ha finalizado. Será mediante las antropotécnicas que se podrán criar a los humanos en esta nueva era. La biotecnología será una de las más importantes. Sloterdijk plantea un código para esas técnicas de crianza mediante las cuales nos produciremos a nosotros mismos. La planificación de las características del ser humano, del nacimiento y la selección prenatal se tornan decisiones explícitas. Valora de forma positiva el hecho de que ahora seamos hombres auto-hacedores y afirma que es posible que hallamos encontrado nuestra esencia en ello (hiperhumanismo). Para él, los nuevos lenguajes técnicos y la información rompen con los dualismos filosóficos que han marcado la historia del pensamiento (sujeto-objeto, individuo-sociedad, materia-espíritu, naturaleza-culturalibertad-mecaniscismo) y de esta forma encontraríamos mejor la propiedad de lo que somos. Asimismo, distingue entre alotécnica (técnica contranatural y artificiosa que asume dualismos pretéritos) y homeotécnica (que se refiere a la confluencia no separada de tecnologías inteligentes con estructuras d ella naturaleza; presupuesto de que todo es finalmente lo mismo).

Finalmente, el propio Esquirol, observa que la técnica tiene que ver con procesos de abstracción. Si ésta se absolutiza, se pierde la concreción y la conciencia de finitud del ser, y finalmente se ignora, pasando a predominar lo abstracto (estadísticas, lo sistémico...). Desde esta posición podemos entender que la banalidad del mal de que hablaba Arendt se produce por procesos de abstracción. La pantallización del mundo, la informatización del lenguaje, el lenguaje tecnificado, comportan la pérdida de la experiencia, de aquello que nos liga en lo concreto al mundo que habitamos. La tecnociencia lo reduce todo a operatividad, y así se pierde reflexión y profundidad. Ante esto, Esquirol reflexiona sobre la experiencia de pensar. Y observa dos movimientos: uno de extensión (la ciencia y la técnica tienen aquí su papel central) y otro de tensión (refiriéndose a la profundidad, y que se pierde con la abstracción mediada por la técnica). Esa tensión del pensar es la que asume la propia finitud, la memoria, la parcialidad, los límites, y no permite la absolutización. A este empobrecimiento del pensar que media la tecnociencia se le ha llamado de otras maneras: cosificación, dominio de la representación, petrificación. Para acabar, Esquirol alude al tacto como forma de salvar la experiencia del pensar en el lenguaje. Ese tacto del que carece la técnica. No se trata de la explicación del mundo, sino de los medios que permiten el acceso a uno mismo y a los demás. Será desde el lenguaje ordinario desde donde podremos acceder al pensamiento sobre la técnica, puesto que el lenguaje técnico no nos lo va a permitir.



Por nuestra parte, creemos importante que la crítica de la ideología tecnocientífica y de la realidad que configura y se nos impone se focalice en la contraposición entre tacto y técnica. Algo que en lo que toca este blog, la medicina moderna, se hace más patente que nunca. La formación es continuamente técnica, quedando relegados a la nulidad los aspectos del tacto humano, tan importantes en el ejercicio médico. Como ha señalado Giovanni Stanghellini en su artículo 'The portrait of the psychiatrist as a globally minded citizen', es fundamental que los médicos y psiquiatras estén adecuadamente formados en Humanidades. Y no de forma meramente técnica e instrumental sino de forma vivida. Aludiendo al Bildung de Gadamer, este psiquiatra ha apelado al uso clínico del tacto para sintonizar con el otro con el que se dialoga en el marco de la entrevista clínica y de forma que permita un dejar-ser al otro.

Pero, más allá de la consulta, y desplazándonos a un nivel social y político, al espacio común y colectivo, nos interesa escuchar a Miquel Amorós, que desde una perspectiva autónoma y crítica con el Progreso reflexiona sobre la historia de la formación razón técnica y las nefastas consecuencias que ésta tiene sobre el ser humano y el mundo que habitamos y conformamos. Y como hijos del Romanticismo que somos, además de la Ilustración y los ideales rotos que conllevaba, nos incita al reencantamiento por medio de la pasión, la emoción y el deseo en pos de un programa, ahora sí, desurbanizador, anti-industrial, antipolítico y antiprogresista.


Las palabras están dichas, quedan las acciones.